miércoles, 13 de diciembre de 2023

Mística pagana. Audacias lúdicras y filosóficas.

 0.         Pensar como deporte entretenido entrena
los sesos para al cabo captar mejor las cosas
y al fin no ser la víctima del bulo que en cadena
de teles a la antena nos ata, bajo losas
            de adagio lapidario: Aquí descansa uno
que no se creyó nada del mundo y sus retículas
de pesca submarina en donde el pez lobuno
devora al pez cordero:  salió de sus cuadrículas
            y se inventó otro mundo mejor, porque, reverso,
lo descubrió en su sueño descubridor de américas
que no colonizara, y en yámbico su verso
lo predicó en sus órbitas de músicas esféricas.         
            Pensar en verso ayuda a en prosa pensar luego
-pues de vencer rigores entrena el ejercicio-
flüidamente. Ahora, a la labor me entrego,
para ensayar en forma -y a fondo- tal jüicio:
            Hay cosas que se pueden decir en un poema
tan sólo. No se adaptan al ramo de las prosas
dïarias, porque en ellas son chiste o son pamema
-en él se dicen sólo por ser las más hermosas.
            La única Hermosura es la Verdad del Bueno.
No ha sido de este mundo jamás, y si se ha dicho,
siempre ha existido un bicho que, usando su veneno,
La mata, con aplauso de todos para el bicho.
            Al fondo, más allá de la apariencia, velo,
la cosa-en-sí se halla  de la que no se sabe
qué Diablo es. Y radia, desde un inverso cielo
in nuce, un vuelo ubicuo centrífugo antigrave
            y crea los fenómenos de la Naturaleza:
un punto sin volumen, o espaciotiempo, explota
constante en interfase con la conciencia, pieza
en puzle (si percibe su canto porque rota):
            Hace catorce mil millones, dice el sabio
cosmólogo, pasó, de años; yo, que ahora
y siempre, porque el tiempo, mirando, si me engabio
al mástil de Einstein, palo mayor (Titón de Aurora),
            es sólo una ilusión; y Kant, del seso interno,
lo mismo que el espacio, externo -que se esfuma
en, último, el análisis del físico (y eterno
sin tiempoespacio es todo) como discreta espuma
            de cuánticas burbujas-, trascendentales formas
del conocer, consciente. Hay cosas que son válidas
tan sólo en un poema. Se salen de las normas
e, igual que Psiques, dejan, capullos, la crisálidas.
            Detrás de los fenómenos despliega la justicia
su obscuridad extraña que pena siempre al justo
que da a la ciega vista. Pensar ya no es noticia.
Noticia es que no piensan los más -le tienen susto.
            Semilla de Justicia -su Órgano legisla-
germina desplegando -Poético Intelecto-,
un cosmos de Formosa Genialidad, que aísla
el vulgo humano luego por odio al Re-insurrecto.
            Mas todo es ignorancia del bien, incluso el propio,
común. Y los demonios que fingen ser divinos
empañan los cristales de tele- y microscopio,
y, a la primer de cambio, se vuelven asesinos,
            y electos son de nuevo, que el vulgo es muy tozudo,
ÿ ángeles caídos compensan la balanza
reuniéndose en el brazo izquierdo, si se pudo,
re-in-sucitando siempre la última esperanza.
            Qué hacer. Omnipotente, el Mal es muy cargante
de ajenas las espaldas del feble, que lo apoya.
Y así su plato carga con peso de elefante
lanudo, y no le importa que arda como Troya
            el mundo de sus hijos o nietos. El planeta
ha puesto a su servicio durante el tiempo (in)justo
que le ha tocado en suerte. Y raro es el poeta
que lo denuncia, dado que se halla tan a gusto
            en temas apolíticos. Y, encima, me hace el crítico
porque Equidad, Justicia reclamo hasta a los jueces,
parciales, del partido corrupto y aun mefítico
y aún más: mefistofélico: Caníbal que me cueces
            el mundo y lo conviertes en campo de refugio
universal, si zampas al mísero, antropófago,
ten cuido, que indigesta, y pronto un artilugio
inteligente surte, dañándote el esófago
            por obstrucción del píloro, que no es inteligente
el Mal, que es malo incluso para tu tripa misma.
La gente tiende a vulgo. Vulgar es cuánta gente:
En tu bondad espera, tragando tu sofisma:
            razonas mal a posta: “No hay Dios que me compense
o puna, así que ¡al crimen! Que mientras no me pillen
justicias que he comprado, al cuerno el Ateniense
Invento. Y a los justos los suyos los humillen
            por medio de mis media que inducen hipnotismo:
Los dioses, para el pobre. Te mueres y no hay nada.
Así que a practicar mi bárbaro egoísmo.
Lo que se tiene es esto. Disfruto la jornada”.
            Y como el vulgo imita al jefe, en ésa estamos.
Del otro se aprovecha quien puede. Y así medra.
Queremos todos ser lo mismo que los amos.
No sé cómo salimos de nuestra Edad de Piedra.

I.         La nada, que no existe, inunda con su carga
banal nuestra palabra, que ajamos: Nos embarga
            su vértigo, y cantamos lo iluso de su cargo
de autoridad por ex- periencia. Sin embargo
            es sola la palabra lo que nos hace dioses,
si induce al Sueño -Hölderlin. Si sólo con las poses
            de moda alzáis la estatua que, frágil, conmemora
al líder, que se imita, nos llega ya la Hora:
            habrá poesía; empero, ¿poetas? Un poeta
es más que un confidente de corazón careta
            del baile de disfraces, que esconde, mortüoria,
la vanidad de todo, con verba transitoria
            y frágil; sobre todo es inventor -invenio
también es en latín descubrimiento-: el genio
            se escapa de la lámpara, si no lo invoca el salmo
del trovador -lo mismo, en langue d’Oc-: empalmo
            mi pluma con la luz, diciendo fiat -templo
y pulo como el pájaro en mano, por Ejemplo,
            al pico por el ala, maestra, sin des-Norte
o des-Oriente, al seno del Nacimiento en porte
            explorador, sentado en mi sillón de orejas.
Y recupero, rehago las formas de las viejas
            canciones, en que cargo la novedad, asunto
que desconoce el vulgo, y enseño: Desde un Punto
            sin mínimo un tamaño siquiera, o tiempo-espacio,
mas con Total Potencia, brotamos del Prefacio
            de Mundos, porque algo lo conoció, en sentido
adámico -a su Eva-, y ser no puede ruido
            tan solo, porque in-forma lo Todo, aunque se pierde,
conforme se organiza, su información -y el verde
            del -eco-bio-sistema se mustia, y toda vida.
Pero aquel ¿Ser? que activa a aquel ¿No-ser? Suicida,
            creando su Contrario, ¿Quién es o fue?: es momento
de un nuevo planteamiento de la Cuestión -lo siento
            por las ideologías actuales-: yo no digo
el Dios de los Ejércitos que sea; pero sigo,
            no obstante, la pesquisa: le cambio el nombre: Numen,
que suena más pagano; y exprimo mi cacumen
            por rezumar ideas: ahí hay algo, Sea
lo Qué, pero semeja lo que se dijo Idea
            Real, o Nous, potente Conocedor del Vientre,
que concibió, y nos pare: Mientras su Seso entre
            en la materia, hay formas -o la energía-, como
las hay en estos versos, formados en sus dísticos,
y ahora un serventesio penúltimo, de un Homo
que ya no cree: quiere Saber, como los místicos,
            la Causa de las causas y, en último cuarteto,
hallarle algún Sentido a todo este derroche
del Cosmos, para ¿sólo hacerse vacua noche?
No puede ser el Hecho tan simple -y tan cateto.

II.        Los místicos antiguos se equivocaron todos
teniendo fe en su Dios: humanos, en sus lodos
            sembraron -y Lo vieron, alucinando en trance
de amor- un cosmoscopio de indefinido alcance,
            un Árbol hecho Flecha al Cielo de la Ultranza.
Y a algunos pobres hombres nos dieron la esperanza
            de lo Mejor. Mas era visión de una conciencia
en alterado estado por purga y en videncia.
            La ciencia de la óptica creó los telescopios
y vemos las galaxias a que no llegan propios
            los ojos, y también los aceleradores
de quanta, o de partículas, que nombran los doctores
            en ciencia subatómica, y vemos las partículas
y quanta. ¿Por qué, entonces, no valen las cratículas
            de las alteraciones del seso de finestras
al Más Allá del Esto? Si escasas son las muestras
            al lado de las técnicas, la tradición es larga:
desde que fuimos Homo el Móvil nos recarga
            de los alucinógenos que, como los chamanes,
nos llevan a Otro Mundo, dejando los afanes
            de la supervivencia, superviviendo en otros
niveles, de tortura los unos con los potros
            de la Naturaleza. Y el gozo, cuando el miedo
cedía, era mayúsculo. Y ahora ya no puedo
            su credibilidad feliz tener por cierta,
conforme el cognitivo neurólogo despierta
            visiones en nosotros realistas de neuritas,
o axones y sinapsis, neuronas y dendritas:
            que sólo son efectos de neurotransmisores
y química en los sesos, pero jamás visores
            de lo que queda fuera de los observatorios
en órbita terráquea, o en los laboratorios.
            Mas mera ideología, no ciencia, es la materia
decir que existe única: no me parece seria
            la idea que defiende, pidiéndonos principio,
que no la idea existe: es solo resto, ripio,
            sobrante epifenómeno de un chisme que se actúa
autónomo, ¿una máquina?, que sobras evacúa
            al virtüal desagüe de excesos cibernético.
Pero, aunque exista el Mal, el ser humano es ético,
            y el Bien gratuito no haÿ motor que lo conciba.
Lograrlo puede sólo una criatura viva
            consciente. Satisfecho de sí, con Todo, el Uno,
sin ananké ninguna, un día, Generoso,
le dio por darse en Génesis, si bien, inoportuno
el Mal, la Imperfección, sacó de su reposo
            también: Creó a sus Vástagos, la Madre, la Natura,
el Cosmos, para amarlos, y de Ellos somos parte
o Ellas. Y al servicio de su Bondad el arte
de la poesía pongo, y el Coito, que aún perdura.

III.      Lo llama tantra en indio. Lo llama el chino Tao.
El alquimista, Andrógino. Y yo lo llamo K.O.
            Los místicos, el éxtasis. Y es como un auto-coito
que trae consecuencias. Pensemos que este introito
            fabulador en pro de retirar el velo
por indirecta vía (el mito -por consuelo
            frente a la ideología sesgada del Mecano
que oficia el sacerdote de nada, y del tirano
            del intelecto agente que crea este poema,
o nous poetikós, en griego, que anatema
            es para el fanatismo inquisidor-, es lógica
apuesta pascaliana. No por soteriológica
            necesidad, por mera curiosidad científica:
Allá dormía Ella con Él en su pacífica
            serenidad, si inquieta a veces por espasmos
semicreativos -eran potentes sus orgasmos-,
            y, fuera de egoísmos, a luz dio al, nuevo, Día
(si fue materia sólo, que entonces no existía
            tal cual -se crearía después-, era mimética
de espíritu, y de vida, porque era autopiética:
            se organizaba sola a sí). Y acaso un polvo
brutal los hizo polvo; y el interior me empolvo
            ahora con, y todos -de cosmos-, su cosmético,
que somos. Y es sagrada belleza de profético
            pretérito humanístico: el Cosmos es antrópico:
sabía que veníamos y se hizo un crono-tópico
            ambiente a que pudiéramos venir a la existencia.
No hablemos más de dioses. Hablemos sólo de Una
No-cosa o Ser, un Eso, y, dentro de la ciencia,
al menos gracias demos al numen de Fortuna
            que nos integra de átomos que existen en potencia
desde antes del Big Bang, y están formados de alma
-lo inmaterial se dijo espíritu- en su calma
ya rota -simetría- que a muertes nos sentencia.
 
IIII.     Llamaron los filósofos esencia al ser del ente.
Id est: lo que define, lo que hace diferente
            a cada cosa; species también se dijo luego,
pues cada miembro de una -lo supo ver el griego-
            podían definirse por lo común a todos.
Pero cada individuo, constituyendo nodos
            en la textil urdimbre universal, ¿no tiene
también su propia esencia? Como un perfume lene
            aun siendo, destilado ¿de qué sub-stancia básica?
Partículas o quanta la física post-clásica
            predica, que son ondas también, el fundamento
de la materia ser, aun si el comportamiento
            de cada una sea más propio de un fantasma
porque hacen cosas raras cuya rareza pasma
            al que investiga -cree tan solo en la materia.
Allende la experiencia humana y su miseria
            hay cosas que son otras, distintas de las cosas
que, por costumbre, vemos, sentimos, como rosas
            y espinas, o peñascos o viento o nube o agua,
como esto conocido que es nuestro mundo, en fragua
            forjado de esos puntos como espiritüales,
que están en varios sitios al mismo tiempo; y tales
            milagros los objetos jamás de la experiencia
podrán sufrir. Y un solo ejemplo de esa ciencia
            he puesto; hay más. Y muchos. Pero lo que me admira
de todo más es esto -parece que es mentira-:
            un quántum de impreciso ser propio, si se observa,
se vuelve más preciso -¿real?-. Nuestra minerva
            los hace ser parientes de lo que se acostumbra
a ver. Y su observancia de leyes las alumbra
            para nosotros nuestras, que siempre por normales
tuvimos. Conocidos, se vuelven más cabales,
            como si la consciencia determinara nuestra
su estado uno, siendo que en varios su menestra
            formaban antes. Niegan materialistas fanes
que tenga implicaciones -que nieguen sus afanes
            en pro de lo objetivo- la cosa. Pero influye
en ellas el sujeto. Si todo se destruye
            un día, sin embargo, ¿será otra vez fantástico
como su fantasmática aparición? Y ¿plástico
            su material, según le influya qué sujeto?
Y ¿qué Sujeto hubo cuando las hizo todas,
            mirándolas? Espíritu Observador tendría
que ser. ¿Aquél que indujo la forma en la energía?
            Tejido de canales, o texto, Su costura
y confección, avanza inflando su estructura
            dinámica, lo mismo que yo, a mi micro escala,
cultivo en estos versos, acequias del sentido,
que humildes, edifico, para alcanzar, por ala
icaria acaso, dédalo, la muerte del olvido.
            Y si jamás la alcanzo, al menos, pico y pala
utilicé en la obra que reprodujo el Nido
de donde todo acaba volando en su flüido
venoso, como un cosmos, que, pobre, un alma exhala.
 
 V.        Existe una justicia mundana que está presa
aquí, en su jaula de oro, igual que la princesa
            dariana, pero hay Otra que el Cosmos articula
con leyes que se cumplen, no como las que anula
            el Prevaricador en práctico ejercicio
de su parcialidad política sin juicio
            ecuánime: la humana, robada como Europa
por Zeuses mentirosos, de una cretense tropa.
            Justicia a quien la venda cambiaron por las gafas
combadas esos gafes que forjan las estafas
            mayores y normales -sumada por secuestro
a la indefensa grey, que elige al fuerte Ancestro                         
            Zorruno por modelo, y favorece al fuerte,
león de selva ilusa de oro, que se vierte
            en el presente en mano corrupta que el ungüento
acepta, siendo cómplice la masa en sentimiento
            servil, que propaganda dïaria la hipnotiza.
Si alguna vez despierta, ¿verá la cruel paliza
            que por la transitiva se da, también? O acaso
¿la hipnosis es superflua?: ¿la envidia de su raso
            estado por el bravo que desafía el uso
del resignado es causa de su desnorte, infuso
            por su ruindad, y abriga fatal ese deseo
de renegar del nuevo, por serlo, un Prometeo
            que Lucifer parece al ojo en conformismo
con el patrón de siempre, que da más de lo mismo,
            miseria para el bajo, riqueza para el propio?
Que ¡“todos son iguales”! Con trompa de Falopio
            escuchan, y ven sombras con el final del recto.
Ay cómo redimirlos -ni pudo el Resurrecto-,
            y esa ignorancia propia requiere de un milagro,
al parecer. Sagrada -y a ella me consagro-,
            parece que no hay forma de hacer que la Justicia,
la Otra, no raptada, que late en la primicia
            de la homeostasis cósmica, patente, cuando fragua
en su presente eterno el tiempo (que nos agua
            la unión que hace la fuerza contra la fuerza inicua
que nos desune, causa de la cojera ubicua
            del ritmo universal -por simetrías rotas
sin las que no se crea, y atónicas las notas
            del Pentagrama, el Mal-, y restituir debemos,
para que el Vulgo se haga por fin un justo Demos),
            advenga, esa Justicia, a la inconsciente Masa.
Mas desde aquel trasfondo su inspiración se eyecta,
y alguno ve su nimbo en nuestra Seso-Casa:
el Ecologos Mutuo de Amor a la perfecta
            Utopia, sin la tilde, la forma más correcta,
inalcanzable, índice de vía, que fracasa
-pero mejora el tránsito en dirección no abyecta.
(Abyecta fue la Historia del Homo, en que se basa).
            Que cante la siniestra. La culpa es del conforme.
La Rebelión es bella: Luzbel nos ilumine.
Que el Dios era un tirano. Y el pájaro, que trine.
O ahí permaneced, bajo ese peso enorme
            del Ídolo de todo lo amorfo y lo disforme
y el caos cunda y reine: su mísero alucine
colaboracionista padezca en uniforme
el necio, el sinvergüenza, el dueño, y os confine.
            Ser libre es de justicia de iguales. (Y en sexteto
son ético concluyo): Alzaos insurgentes,
que surjan en los páramos renovadoras fuentes
que traigan primaveras de paz, qué hermoso reto,
un sueño de igualdad de pobres inocentes
-y ya, por fin, dejémonos de hacer el buen Cateto.

VI.      El vulgo me critica porque hablo de política
tan solo, y yo no canto sino de, paralítica,
            la médica Justicia que no se cura, lesa
del juez parcial: no juzga a la gentuza tiesa
            y prieta de canuto, torcida por entuertos
tramados para hacerse con el de vivos muertos
            de hambre que, no obstante, prefieren sus chorizos.
Política es el arte de gobernar sin rizos
            de realimentación con hambres del de abajo.
Mal paga, y lo que gana invierte sin el tajo
            de regla alguna, a salvo de Estados de Derecho,
y a cambio da al tirado las sobras y el desecho,
            y el plusvalor se queda e inviértelo de nuevo
y, cada vez más rico, le importa el Bien un huevo
            podrido. Y me los toca. Y estoy hasta los mismos.
Por qué elegís a esos -y a los de equilibrismos
            para llegar fin de mes, les den más hondo
debajo de la bota de clavos. Me respondo:
            ¿Qué os da el sepulturero de los derechos vuestros?
¿Os gusta sometidos por siempre ser cabestros
            que el yugo lamen, ani- linguando la poesía
del laureado en mímesis? Poesía hubo el Día
            Primero en que Elohim -Losdioses del Antaño-,
cuando Creación había -ÿ hay, si no hay apaño
            de facilonería, ni teme al disparate
el genio en esta búsqueda. De salsa de tomate
            la sangre del usual poema sin poiesis
produce nada, salvo en serie, ni exegesis
            de lo real profundo: se queda en el pellejo
de la experiencia falsa y, cuando en entrecejo
            fruncirse deba en inte- rrogacïón perpleja
por investigación volvemos con la vieja
            película del paso del tiempo, o anodino
amor del consagrado por hábito sin tino
            en novedad. Os insto a la creación perpetua
y despreciáis mi empresa por rara y fatua, y fetua
            tradicional o fatwa me da el muftí del libro
sagrado, que se sabe -y es Líber a quien libro
            de su prisión de Olvido-  que es falso, si a la letra
se toma -y lo interpreta-. Mi vocación me impetra
            que busque la Verdad, no la de siempre, en vista
de su irrealidad. Lo Vero se conquista
            pensando en verso -impropio de moda y superficie-,
como camino extraño de formas que me inicie
            en la carrera de óbices electos que me esfuerce
en ingeniámelas, para salvarlo. Tuerce
            y vicia la costumbre. Por al revuelto río
 en pesca de jüicio original me envío
            a mí. E invento formas que, dadas al desuso,
recobro y reelaboro, a suso desde ayuso,
            y raro seso -ajeno a la costumbre, implícita
en la neurona triste de oficio que, aunque lícita,
            jamás se da al oficio, intécnica- desvelo
en mí. Con mucho estudio de datos, por el cielo
            antiguo redescubro la Fuente del Sentido.
Si yerro, porque, humano, no habré, quizá, podido
            lograrlo, emprendo, empero, el nuevo intento a gusto,
por nunca a la ignorancia tenerle apego, o susto.
            El seso de lo todo predice una sentencia
de muerte: la Energía Oscura diferencia
            y aleja las galaxias: la máxima entropía
o térmica la muerte de todo cierto día
            agotará su vida. Pero con un invento
ensueña mi esperanza: La fuerza de ese aliento
            luctuoso ¿utilizado de combustible acaso,
con técnicas humanas, podría ser; y el paso
            al mar del Equilibrio fatal sin homeostasis
del Sin-calor ni vida, reconstruiría el chasis
            del Cosmos, manteniéndolo en su función? Hay mucho
tïempo para darse tal maravilla, y lucho
            con esperanza deses- perada por la Causa.
Morirse para siempre no es justo, debe pausa
            haber en ese vértigo legítima que frene
el curso del fatídico destino de esa Gene-
            ración de Todo a Nada, la Desembocadura.
El Mar. Si la entropía degrada con usura
            lo ente, esa energía que al Cosmos acelera
hacia su fin, usada reversa de manera,
            contra su sí, invertida, Constante Cosmológica,
¿de re-inyección vital para nutrir el Fuego
de Heráclito sería, por más que paradójica,
nueva Ocasión, Fortuna de un místico Estratego
            que venza en la Batalla contra la incierta Lógica
de un Logos por encima del egoísta Ego
que eterno le rehaga el ciclo? Me despego
de un Universo vano a un cielo, en pedagógica
            Verdad de Ontología, o sea antonomasia
por excelencia excelsa a un Dios de más Altura.
Y si no puede ser, será literatura
            para supervivencia del Ínterin, de afasia
Verbal curada. Tal Lenguaje que se extasia
con su Sentido propio que de la muerte cura.

VII.     En fin: son fantasías. Lo reconozco. El mito
creó, según modelo, a Dios, el Infinito
            Señor del Universo, del bárbaro tirano
que impone por la fuerza una justicia en vano
            así llamada. Y falso es ese mal modelo
de Dios o de los dioses. Si del anciano Abuelo,
            de autoridad por sabio, y no por fuerte -o bruto-,
hubiéramos tomado ejemplo, el Absoluto
            Divino hubiera sido creado diferente
del Dios del Tiempo Tor- mentoso e Inclemente
            y el Rayo. El buen Jesús lo llama Abba: Papi.
Y en el Enuma Elish, fue Anu quien de Capi
            hacía de los dioses, hasta que la Amenaza
de la Dragona Tiamat, enviada fue de caza
            teológica. Fue entonces cuando Marduk se impuso,
el Dios de la Inclemente Tormenta, y el abuso
            del orden de la fuerza, después de con su rayo
freír a la Monstruosa. Y pudo volver Mayo
            florido y permanente. Cumplido el pacto previo
obtuvo el mando, a salvo los dioses. Pero -abrevio
            el cuento mitológico- ya cada dios tenía
que hacer para Marduk, alzado en jerarquía,
            para mantenimiento del Cosmos, la tarea
más dura y más sufrida, de la peor ralea
            más bien, si propia de alguien, de bestias,  al servicio
del Dios en Jefe. Un sabio dios, técnico, el suplicio
            quitó  de trabajar a sus iguales, siervos
del Fuerte, que eran duros trabajos y protervos:
            Hiciéronnnos los dioses, para servirlos como
esclavos, con los restos de la Serpiente: el Homo
            la forma de un dios sabio (llamado Enki) entraña,
pero es su material el de una Diabla extraña
            al Cosmos. Y es el Caos, su fuente, quien la envía
porque los dioses, seres del orden, si dormía,
            lo molestaban. Luego, sapientes nuestros hómines
sirvieron a los dioses -o a sacerdotes dómines,
            en pacto con los reyes sagrados de la línea
del Fuerte genealógica. Cultivos de gramínea
            silvestre del neolítico creaban excedentes:
hacía falta guardia. Marduk nombró a tenientes
            de tierras con sus curas, y tropa y policía,
y desde entonces, años, diez mil harán y un día,
            en Dios creímos Fuerte y Atroz como un monarca
severo -e inclemente-, que a todos nos abarca
            para servirlo.  Y ése no puede ser el mío.
Ni el verdadero, es obvio. El bravo desafío
            de Lucifer se vuelve simpático: un valiente
Non serviam dijo  y pena sufrió en el más ardiente
            y cruel infierno o cárcel donde el Valor se quema,
y aterra a todo el  mundo su ejemplo, y mi poema
            lo canta: el justo a gente normal no gusta, puesto
que, siendo pecadora, le aterra con arresto
            pagar, si apoya al bravo. Se vuelve partidaria
del orden que la oprime, y achaca el mal al justo;
prefiere traicionarlo, para que la calvaria
condena no le caiga también, que tiene susto,
            pavor, al terrorismo, de Estado, y la sumaria
tribuna al Mal se suma, y a mí me da un disgusto
soberbio y soberano, porque el Matón Robusto,
el peso de su masa, gratuita mercenaria,
            nos riega con diarrea mental por miedo pánico,
aunque su dios no es Pan, si Pan es la Natura,
y se parece al Diablo. Y apelan al tiránico
-mejor que al justiciero- porque la dictadura
defiende en corsé prieto el orden que un vesánico
propone; y yo estoy harto de tanta chifladura.

IX.      Basílides, el Gnóstico, llamaba inexistente,
por fuera estar del Cosmos, a Dios. Jamás un ente
            con ser podía ser Aquél que el ser creara.
Desde esa inexistencia su alquímica alquitara
            a-cósmica creó el ser, su negativo,
el Cosmos existente, que dio de sí, nocivo
            por mala copia ser Aquél. A los Papeles
dio vuelta Sacros: fue Yahvé, no el Bien, de crueles
            instintos, Saboth, quien hizo -mal- el mundo;
y así funciona todo. Al cerdo más inmundo,
            cercado de sus lobos guardianes el rebaño
aclama Guía, Líder o Führer, con amaño
            de propaganda en pro del genocida, rata
ratera de cloaca universal, pirata
            de corso con patente, para esquilmar al tonto
-hay mucho- que se pone de parte suya, pronto
            a la resignación, por miedo a su Adversario
Teológico, el que y libra y salva del Corsario
            Policïal. Y el Justo padece la condena
y la traición del judas de turno y la cadena
            perpetua, que merece el Fuerte, y el Azote
de Dios, padece en cruz o antena de ese bote
            del que el Logrero chupa. Y al Dios, Inexistente
en este Cosmos, fuera del mismo, oscura Fuente
            de Todo, que, latente, su onda envía, o mana,
con forma de mesías que canten su lozana
            Palabra, no se escucha, y pútrida su iglesia
practica lo contrario de lo que Aquél practica:
parece que padece una severa amnesia
y deja que le inyecte Mammón Plutón de rica
            caverna ali-babiana, un chute de anestesia.
Y no le duele el mísero, en pro del cual predica
el Justo, a que el demiurgo señala de su pica
cruzada como diablo. En su palingenesia
            espero y su derrota de nuevo hasta el momento
en que esta masa simia se vuelva al fin humana
de vero, si eso es algo. Que no me da la gana
            de triste conformarme. Y en el conocimiento
ahondo y subo humilde. Y espero lo que siento:
que la Justicia, acósmica, advenga soberana.

IX.

Nada es nada; ni nadie es nadie: todo es a su manera y en su grado.
García Bacca 

           Mi Dios es Otro. Atrae ubicuo en el futuro
por máxima Hermosura moral en su seguro
            de calma sin tormenta a todos los honestos.
Que exista es muy dudoso. Por eso invento, puestos
            a descubrir trovando, y bien, ese Atractivo
que las ideologías actuales, al Dios Vivo
            negándose a seguir, han muerto, desde Nietzsche
al menos, sin pensar que, aparte del fetiche
            católico, no haÿ ninguna alternativa:
“La nuestra fue la vera religio: Si no viva
            está, ni permanece creída, otra ninguna
tampoco, ni cualquiera idea inoportuna
            que suene a Dios, es cierta". Llamémosle Lo Nada
-como el Pseudo Dionisio Areopagita, dada
            su incognoscible supra- esencia indefinible
por la razón, lo mismo que nada, en su impasible
            No-ser que, si anulamos la voluntad, sus trinos
en nuestro corazón alegran: De Molinos
            en su quietista Guía espiritual lo estudia
y manifiesta -luego la Iglesia lo repudia-:
            Detrás de toda nada, o en ella, Dios habita.
Si somos nada, somos con Dios, en su infinita
            nihïlidad.
                            La física defiende que el vacío
no-ser democritano, real, pese a su frío
            espacio sideral, contiene una energía
mayor que la nuclear, y fue infinita el día
            de la Creación y, puesto que nunca se destruye
y sólo se trasforma, pese a que nos rehuye
            en cuanto usada, es sólo cuestión de mera forma.
Y a quien inventa formas ¿concebiremos horma
            de zapatero humano? Un Logos inmanente
a la energía misma que a sí desde su Fuente
            se auto-organiza poética, o se auto-poietiza
en organismo, gesta la Ley que Constituye
el Cambio de los Cambios, que nada se destruye,
que todo se trasforma, de nuevo se organiza
            origen permanente, y siempre restituye
el ser a cuanto nuevo se forme en esta liza
de vida y muerte y vida y muerte, que concluye
en vida, y, si la nada es fin, como es huidiza
            porque la nada no es ni nada, porque nada
es nada y, pues, ni nadie es nadie, todos somos,
que todo es, y es siempre, aun míseros los homos,
            mientras que somos. Luego seremos la bandada
de formas sucesivas que vuelen como plomos
por almas del Cañón a, nueva, otra alborada
            que inicie un nuevo ciclo. Que nadie aquí se muere,
excepto el ego ególatra y egocentrista, avaro
de reconocimiento, que ni conoce al raro
ni reconoce nadie distinto, y aun lo hiere
            con criminal discrimen, porque no está seguro
de sí ni su fantasma que luce para aplauso
del mundanal rüido, y a mí, como le causo
ese extrañeza inquieta, me tira por el muro
            de su famiglia de élite, un muro que es su espejo
realista, pero irreal, en donde vense dioses
y se lo creen. Pero afuera, en los reboses
            que sobran, de la tapia, se extiende lo perplejo.
Lo que es este estrambote sonético que dejo,
como un renacimiento de un son de paz. Y adios es.

X.        Asclepio de sí mismo, el Cosmos resucita,
puesto que su energía no muere: es infinita,
            y sólo se trasforma. Mas no hay motor posible
de movimiento eterno, perpetuo, reversible
            por ese deterioro que llaman entropía.
El Cosmos se acelera  en su expansión y enfría,
            y llegará un momento en que se nos disuelva,
como un terrón de azúcar en agua, y ya no vuelva
            a ser. ¿Y la energía? ¿Adónde se habrá ido?
No puede destruirse, insisto ¿A qué otro nido;
            por ende, a qué otro útero? ¿Acaso se degrada
a tal extremo que es casi lo igual a nada?
            ¿Vacío? Pero éste contiene su energía
mayor que la del núcleo atómico. ¿Sería
            posible sacar de él alguna que le diera
otra ocasión al Cosmos? Habló de una Noosfera
            Theilard, paleo-antropólogo, que integraría toda
intelectualidad como divina boda
            de almas individuas en una sola mente.
En el siguiente paso, el Punto Omega, ente
            plural, allá a lo lejos, al fin del Universo
conformaría, unión de todo lo disperso,
            como un neo-Nous poético, que diera en un Teo-logos
Universal, lo mismo, que en el Principio. Ahogos
            extáticos me indujo: hay tanto tiempo antes
del fin definitivo de todo…
                                             Los amantes
            de la materia sola o del materialismo,
marxista o no, lo juzgan como un ideologismo
            de un sabio jesüita que quiso hacer científica
la religión cristiana. Y como frigorífica
            cascada sentó Tipler, el físico que dijo
que allá en el Punto Omega, si el Universo es fijo
            que implota por exceso de gravedad y masa,
justo antes del momento final, como una brasa
            a la que se reaviva la llama, se crearía
como una Mente Cósmica que, contra la entropía
            o el óbice que fuera, crearía otro infinito,
ahora subjetivo, virtual, en que el Bendito
            nos resucitaría la carne, de bits hecha,
ahora. Su Memoria equivaldría a fecha
            cualquiera del pretérito viajar para rescate
de nuestra forma viva. ¿Valiente disparate?
            Por fin el gran Penrose, mediante tan complejas
ÿ arduas matemáticas a las que mis perplejas
            medulas nunca alcanzan, concluye que vivimos
en uno de los tantos cosmoi de cuyos limos
            de ripios y desechos de su cadáver surje
el próximo, si antes nos precedió el menjurje
            del previo, si lo entiendo, de restos y pecios.
Verdad que no sé nada, mas nunca mis desprecios
            son para sabio alguno. Yo solo sé que nada
no hay, ni puede haberla. Y nunca con la espada
             del Magno estos relíos gordianos desanudo:
a ver de qué me entero indago de quien pudo
            hacerlo, y lo divulga y me lo aclara, y pienso
que la energía queda, y -siendo que es propenso
            al orden todo caos, según enseña Ilya
Prigoguin-, tiene un aire de cósmica familia,
            y vuelve a organizarse en vástagos, que, insisto,
son ella misma en cambio -y muere, como Cristo,
            para que todo viva- de forma: aquí no muere
lo básico, aunque el ser de cada ente fuere
            en medio de su cambio la nada de lo Antes
y Ahora el ser de Luego de tal. También el ego
se pierde cuando deja de ser y vuelve al Fuego
potente heraclitano, hoy Energía. Infantes
            que sólo balbucean significados poca
consolación encuentran en este vano juego
de mis significantes, y qué consuelo un lego
habrá querido darles. Busqué la recia Roca
            y hallé la Ola en Mar, en donde la Corriente
su movimiento muta, consigo mismo choca
y rompe, por partícula ÿ onda, y queda en boca
versada, que se canta, neo-spencerianamente
            o casi, caprichosa de formas cambïantes,
filósofo un poeta de gustos de lirantes.

XI.  Porque parece ser  que el Cosmos (por ahora),
en vía a su horizonte inalcanzable, explora
            espacio cada vez más vasto que se amplía
en aceleración hacia su muerte fría.
            Y Omega no es un Punto, sino una curva abierta
que nunca va a cerrarse, ergo su muerte es cierta.
            Anti-Bigbang -Big Crunch- no hay. Mas Dijo Freeman
Dyson, el astrofísico, y hay otros que lo estiman
            si no son muy fanáticos, que la Noosfera aquella
del jesüita, o Dios, del Fin, si no se estrella
            con límite ninguno el tiempo, sería tópica
un día previa al triunfo de Fatal Entrópica.
            Y que jamás se dice que, el tiempo si alarga
hacia el sinfín, hay tiempo para el saber que amarga
            ante la muerte a una es- peranza nueva ceda:
las probabilidad de que algo le suceda
            a un infinito es toda: el %: Ocurre
denantes o después. Si el Mientrastanto aburre,
            nos queda la esperanza de que el querido evento
tendrá lugar. Me explico: de nuevo el mito os cuento
            científico: os recuerdo que una Energía adversa
a la de Gravedad (que agua, o que dispersa,
            la Ousía -o la Substancia-) aleja las galaxias
de otras unas, entre sí mismas. Profilaxias
            contra la existencial angustia y otras murrias
ante la muerte, escasas parecen: mamandurrias
            inútiles, si cósmica la fosa es de gusanos:
parece que en la tensa balanza de ambas manos
            opuestas la tiniebla más pesa en un platillo
o la entropía máxima, que mata todo brillo.
            Sin  diferencia alguna en la temperaturas
en la energía nada sucede, todo a oscuras.
            Y la entropía es pérdida de información, lo mismo
que nada nuevo -bajo qué sol- y conformismo
            con lo sin forma: norma que lo distinto niega.
La desinformación del todo nos aniega
            en lo no vivo, o quieto. La información aviva,
consciente o no -la red de bits es objetiva-,
            los físicos sistemas, que la intercambian. Y eso
anima, energetiza, la evolución, proceso
            sin fin de la creación constante. Si infinito
será el proceso eso da tiempo a que el delito
            mayor -haber nacido- de nuevo se cometa.
Desde evidencias físicas, delirios de poeta
            que, me parece, tiene los sesos nada buenos:
todo no vale nada, si el resto vale menos.
  
XII.     De la energía, entonces informe, estalla un miasma
o un flatus vocis, dando, técnicamente Plasma,
             de Quarkes, ahora dichos, sus nombres a los entes
de formas in-formadas; después en coherentes
            partículas se integran en átomos, materia,
y emergen vida y mente, que evoluciona y seria
            la inteligencia y técnica, y crea la informática
que dicen en sim-biosis un día dará -pática
            con el cerebro en donde saldrán los transhumanos.
Y puede que el exceso de información en granos
            engrane en organismo que poco se distinga
de ángeles o Dios, o mengues o el Candinga
            que el Mal nos cuela en ese refrito de menestra,
de ahí tirando pronto, si el Diantre no secuestra
            la voluntad de Bien, a, llámese, Ucronía:
tenemos tiempo, antes del fatum de Entropía
            Mayor. Un vocis flatus que nombre en su bautismo
retronutriente al círculo real de virtuosismo
            que nos despliega mapas de un bruno territorio
incognoscible, claro que más satisfactorio
            del que nos muestra el hábito, por mucho más exacto
y rico, regulable a gusto del contacto
            deseado del usuario de comunión en tiempo
real, la red llenando el criminal desempo-
            de mentes brecimiento, por darlas a las luces
(qué abrupto fue el hipérbaton -a posta-, entre los cruces
            de léxico y afijos, no como los espejos
realistas; que el avance en técnicas más lejos
            nos lleva, como al transhu- manismo que describo
o aludo con la vista en el futuro). ¿Divo,
            en su sentido prístino, sería el omnisciente
aproximado cada vez más, según patente
            mercante del Patrón Modelo, o un Demonio?
¿Es la naturaleza humana patrimonio
            de nuestra humanidad? Y ¿solo un bruto simio
continüamos siendo feroz? O ¿puede el nimio
            esfuerzo de, lográndose por la tecnología,
alzarnos a un espíritu “de paz y de harmonía”
            -que dice el Rey, tirano de siempre, con la bota
de clavos en el cuello del vulgo, que es idiota
            por regla general, y la prefiere al Justo?
O ¿tanta inteligencia artificial el gusto
            nos diere de Justicias reales, que no regias?
Los reyes no son justos. ¿Por qué los privilegias,
            ay, masa? No le importas al tuyo ni un comino,
y te prodiga especies que son un desatino:
            lo fueron “Por la Gracia de Dios”, como si fuese
tal Dios un caradura que honora el interese
            de la (i-) real persona. Cuando el Poder detenta
cualquier humano, se hace un pájaro de cuenta,
            y solo le interesa su ego y beneficio.
Y sólo el pobre tiene que hacer el sacrificio
            por la dichosa Patria, desgracia del precario.
No volveré en su nombre a hacer de mercenario,
            sin paga, encima, siervo de Dios, la Patria, el Reÿ:
especies: cuentos propios de infantes de la greÿ.
            Si en el transhumanismo hallamos mejoría
en el conocimiento con que a la masa fría
            dejáremos encinta, concepta de otro mundo
mejor, ¿continuaremos haciendo el Bicho Inmundo?
            O ¿el Ángel Subversivo que salvará al planeta?
Ay, todo es fantasía: delirios de poeta.
            (Que canta su delirio por método, sabiendo
que, de seguir así, mejor salir corriendo).

XIII.

Quien teme decir disparates nunca dirá una genialidad
Miguel Romero Esteo (comunicación personal)
 
El eclipse de Dios
Martin Buber
 
¿Cuál es el grano de arena que, añadido, trasforma varios de ellos en un montón?
Eubulides de Mégara (paráfrasis de la “Paradoja Sorites”, atribuida a).  

            Jugar con el lenguaje que explica cómo es Eso
de Ahí Afuera, o Dentro, si extrae su profeso
            poeta sus sentidos ocultos o latentes,
no es propio de los bardos usuales que las gentes
            del vulgo hasta desean que entiendan sus versículos,
y, así, normalizándose, ni ven que son ridículos      
            si delirar no quieren: soñar les da canguelo,
porque decir dislates da vértigo, y el cielo
            no existe para ellos. La tierra es lo que importa:
el barrio -para ellos- que su experiencia aborta
            estrecha: más allá de lo normal no miran.
Y creen que están locos los que al cantar deliran
            sabiéndolo. Si bástales, les mando mis respetos.
A mí jamás me basta. (Diverjo de catetos
            conformes). El Lenguaje es -en potencia- un mapa
de alternativos mundos: la Cosa-en-sí lo empapa
            con radiación lumínica que turba toda Escópica,
pero también la orienta e ilustra, de la tópica
            habitüal sacando a quien se La figura
como versión posible, y en su literatura
            la plasma, como el plasma de quarkes, que ya plasma
la física en teorías, deíxis en phantasma
            que indica el núcleo estético del cósmico proceso
de evolución, que el verso llamó primero Eso:
            materia se hizo atómica que en vida da y en mente,
y, aun siendo Primigenio, por siempre está presente,
            y puede, si queremos, hacernos transhumanos,
mejores, en simbiosis con los ciber-mecanos
            que compongamos. Mientras, escribo estos poemas
en donde indico un croquis que exacto, en sus extremas
            andadas, con el Ser del Territorio un día
coincida, paradoja, con la sabiduría
            total inalcanzable: la senda es asintótica.
Y en esa paradoja de místicos, que erótica
            cantó san Juan, hallemos, acaso, algún indicio
hacia la evolución correcta hasta el jüicio
            final, que nos  descubra qué diablos son Los-Dioses
o Dios (o Elohïm), o adónde, tras las toses
            de eclipse por resfrío, andar -al Sol. Porque si
no se hace, a la extinción nos lleva cada Presi
            electo mal, por capo. Que la ignorancia es mucha.
Y el acto de escribir en contra es lucha. Lucha
            con el lenguaje: lleva su esencia hacia el proscenio.
 Quien teme al disparate no puede alzarse al genio.
            Y sólo el genio poético a la verdad se acerca:
Palpita en las teorías científicas, que en terca
            testarudez rechazan los vulgos ideológicos:
habrá quien frente al nombre de Dios por demagógicos
            autismos me rechacen sin más estas audacias.
Parece que los dioses no quieren democracias
            genuinas (están hechos a imagen de un modelo
vetusto y semejanza de autoritario un cielo
            jerárquico de ángeles que sirven al Dios Uno).
Ya es hora de hacer otros que en granos de consuno
            o mentes solidarias generen la Noosfera,
-que dijo De Chardin-, hallando dentro el Fuera:
            amaestrando al Bestia de simio predatorio
que todos entrañamos, y en canto de oratorio
            en contrapunto, siendo diversos, cada misma
conciencia en harmonía con toda justa crisma,
            alzarnos a la altura, como la mariposa
emerge del capullo, psiqué, y su efecto, que osa
            cambiar de paradigma: qué grano es el que muta
un grupo de ellos sueltos en un montón, en ruta 
            de solos individuos aislados y minúsculos
a ser sorites -pila-: Los mínimos corpúsculos
            conforman la estructura de un algo que no había
anteriormente: actúan como la poesía
            uniendo las palabras en oración. Si un punto
se mueve, se hace línea; y, si una línea, plano,
y un plano así, volumen; complejo en su conjunto,
            moviéndose en el tiempo el último, un trasunto
de dimensiones extra -y todo desde un grano-;
espíritu, de un cuerpo; y vario cuerpo junto,
            un comunal-espíritu, el amontonamiento
que se alza en Himalaya y más allá, y al norte
del norte, si se sigue el Eje, en el momento
de coronar la cumbre extrema por deporte
            alpino como un Éverest, que ha traspasado el corte
del polo. Qué es la Cosa. Espíritu, que Viento
significó, nos hincha las velas con aliento
del ánimo del ánima. Con nuevo pasaporte.

XIV.   Es obvio que los dioses o el Dios, de siempre, han muerto.
No obstante tal consigna no dice que sea cierto
            que no haya otros, u Otro. Ü Otra. Si nos hizo
a semejanza suya e imagen con su hechizo
            de barro y soplo -psique-, quizá de prueba o muestra,
o  sea, Lo pensamos haciéndolo a la nuestra,
            Su muerte fue de forma: no muere la energía.
Habrá que darle otra, que sirva. Su an-arquía
            o sin-principio -id est: sin formas, sin ninguna-
la forma necesita de un culto que fortuna
            para nosotros tenga (es término “principio”,
por etimología -igual que en “participio”/
            “partícipe”: el que en algo alguna parte toma-,
a “príncipe” es cercano: Primero, previa doma
            por propaganda prome- tedora de defensas
contra extranjeros diablos, vacía las despensas,
            que toma de los otros; como según costumbre
los príncipes hicieron, alzados ya a la cumbre
            del trono, los primeros que cogen del ajeno
sumiso por terrores, el excedente pleno
            dejando sólo sobras, los desagradecidos,
a los que los subieron a su Poder, sufridos,
            por armas apuntadas al interior). ¡Qué molde,
me he dicho siempre, tan impropio para el rol de
            No-Ente Generoso que da de Sí un sistema
de cósmicas galaxias, muriendo en esa quema
            de la Explosión Primera, grandioso sacrificio
que nos da el ser, un Cristo que, Cósmico, suplicio
            padece genesíaco para que Todo exista!
Un Dios hecho conforme a un módulo egoísta 
            de un simio predatorio, guerrero, que sapiente
se dice, vanidoso, que cree en quien le miente
            por ser como los dioses ¿no es algo criminoso
por ego-idolatría, soberbia de achacoso
            Satán, bufón de Corte? ¿No hay otro modelo
más digno que el de Jefe Guerrero? -no el Abuelo
            cuya sabiduría indica que la fuerza
no da razón a nadie: el bestia que se almuerza
            los excedentes todos y más, y desperdicios
para el común, lo suyos, les deja, y sus prejuicios
            basados en el miedo a la carencia, al robo
del extranjero indúceles, como si fuera lobo
            o bárbaro cualquiera que no sea nuestro. Es éste
quien puede que haya muerto, o sufra de desfase,
pero que no haya otro distinto nunca es frase
que incluya el corolario correcto, y no es que cueste
            hallar el verdadero o próximo: fracase
o no la tentativa, por más que se le reste
al infinito, cero no da jamás y, pase
lo qué, sigue infinito, y que haya tanto preste
            errado en cuanto a formas y ateos que seguros
están de que no hay nada de Aquello, es una prueba
de que no se ha pensado, o nunca lo bastante.
            El Cosmos tiene Logos: hallarlo en los oscuros
espacios insondados por descubrir es nueva
tarea de, curioso, un seso interrogante.
            Yo nunca me conformo. Si Dios es un invento
de endebles por consuelo, o para su dominio
justificar, injustos, los brutos, que a exterminio
condenan al vecino, soltándonos el cuento
            de defender su patria -que agudo un escrutinio
revela que es su banda de Capos, del tormento
culpables, para ellos- con método sangriento,
hay otra alternativa a dicho latrocinio:
            metáfora al principio del misterioso Seso
del Cosmos, los poetas así nombraron Eso:
de (Luz del) Día: Dios. De allí ese vaticinio
            de vates: hace falta más luz, aun las lucíferas
-que la dïaria ha sido nublada por mortíferas
mentira en dïarios. ¿Qué tal del raciocinio?

XV.     Las probabilidades -si piensas sin prejuicios,
después de haber sondado los prístinos inicios
            (la redundancia valga) del Cosmos- son enormes
de que haya alternativas a esa intuición. Conformes
            de uno y otro lado se sienten satisfechos:
los unos, con su fe; los otros, con los hechos
            de donde han deducido la inexistencia de Ése.
Mas ¿hechos?: no saber no es hecho alguno, pese
            a los que se han creído de la verdad ser amos.
La probabilidad de hallarnos donde estamos,
            si no hay Primera Causa, es mínima. Y ahora
sabemos que la hubo: la ciencia no lo ignora
            del quántum y el Big Bang, la serie evolutiva
de la creatividad, de la criatura viva
            o biología, el orden extraño y matemático
que asume la materia, sorpresa del socrático
            discípulo y las leyes de la naturaleza,
en griego dicha phýsica -un lío en la cabeza
            a deslïar. Y hay leyes y reglas tras el lío.
(Que soy un pobre ingenuo que sufre un desvarío,
            me dijo un matemático. Dudar es más seguro
que en la verdad creerse definitiva, puro
            error característico de los soberbios, como
el necio siempre hace, por solo sapiens homo
            saberse -y nada sabe sino lo que le cuenta
la tele y otras redes, o aquella impedimenta
            que, herencia de familia, le impide hallar la vía
evolutiva propia individual. Se fía
            de cuanto le contaran cuando inocente una
criatura era; el listo que, crítico, la cuna
            dejó, no cree en cuentos ni nanas, y en el hueco
que abriera no ve nada, y Dios es un muñeco
            para el jardín de infancia, impropio del adulto
y del que, culto, cree ser falso todo culto).
            Pero este culto canta: los versos que ahora escribo,
que no han tenido miedo al interrogativo
            dislate o desvarío. Pensar jamás es malo.
Aunque razón no tenga, o de ella escaso, ralo
            y raro ande, el juego de riesgo ante lo Absurdo
de todo me entusiasma, magüer también me aturdo
            con él como con una espirituosa droga
de mago, alucinógena, en que la audacia boga
            en sus filosofías hacia ninguna parte
o, quién lo sabe, a todas, por cultivar el arte
            del verso pensativo con vocación de lúdico.
No sufro de acrofobia frente al vacío búdico
            ni a ningún otro: todo repleto de energía
está, porque la nada no es, aun la entropía
            su utilidad restándole para nosotros. Puede
que su infinito origen no sea sola sede
            de fuerza gestatoria, sino absoluta base
de cuántos Universos. Y, aislados en su envase
            sin lados, fondo y tope (al ser su espacio curvo
y tiempo, que son uno, por lo que me conturbo
            y maravillo, el fin es vuelta a nuestro origen,
si se anda en línea recta) las leyes que nos rigen
            de la natura cósmica, se hacen conodidas
. y usables por nosotros, las dioses genocidas
            de imitación. Si un día el paradigma bélico
y explotador cambiamos por ése del angélico
            rebelde contra reyes absolutistas, día
será en que nos hallemos, al fin, para alegría
            de los desposeídos, y todos. Inhumano
äún es el humano. Y el sapiens, ignorante,
por mayoría casi absolutista. Sano
äún nuestro cerebro no está: como un gigante
            con seso de bebé matamos al hermano
que es la cristalería que orate un elefante
destruye por descuido. El pueblo soberano
            adora al soberano que su soberanía
le roba con estafa. Me desesperaría.
Pero si caigo en ello, no habrá quien eche mano
            al manco. En fin, que todo consiste en la latría
errada de la historia del ser humano fría
con tanto semejante. Äún no se es humano.


 

sábado, 2 de diciembre de 2023

Pico de oro. Poemas nihilológicos -o, mejor: ¿oudenológicos?

Vanidad de vanidades, y solo vanidad.
Juan Crisóstomo
 
… Desprecia ahora
a Natura, al indigno
poder que, oculto, impera sobre el daño
y la profunda vanidad de todo.
Leopardi
 
Su nave estaba impulsada, igual que el esfuerzo bélico marciano, por la VULLS, la Voluntad Universal de Llegar a Ser. La VULLS es lo que crea universos de la nada, lo que hace que la nada insista en ser algo.
Vonnegut. Las sirenas de Titán.
 
Quien nunca duda nunca está en lo cierto.
Bergamín
 
           Vano es todo. Y el vano es muy profundo.
Y se hunde en el misterio que lo vela.
Y en la Ilusión, su Velo, todo el mundo
flota, en su niebla de tejida tela
de un hilo solo, del oriente oriundo,
inconsútil, de gasa, niebla lela,
            y en lo cierto se cree, y nunca duda,
y por ello jamás está en lo cierto,
pero es obvia verdad lozana y cruda
que el que está vivo es porque no está muerto,
y cuando muere y ha llegado al puerto
de la tranquila nada sordomuda,
            sin tacto o gusto, poco ya le importa
nada -si ojos no ven, nada se siente.
Así que ¡a aprovechar la vida corta!,
a base de intensión (sic), que la Fuente,
aunque sea de noche, nunca aborta
y mantiene su flujo y su corriente.
 
            Volvemos en la nada a serlo todo.
Y qué me importa -si mi Yo no existe,
parece ser, y no halla su acomodo
en la Hipérbole Cósmica, y me es triste,
por aferrarme a la ilusión de un quiste:
el Ego: tragicómico beodo.
 
            Si pudiera zafarme de mi ego
y su necia ambición de ser, si fuera
capaz de repensarme o, como un griego
que teme al Hades y lo niega, fuera
del terror, epicúreo, y así fuera
al otro mundo, con total sosiego
            me identificaría con la calma
del no-ser-nada, un mar al que no azota
la tormenta jamás, cuando la palma
exhibe su victoria en la derrota
de un navegar sin fin que no se nota,
pero ës, con el ánima en su alma
            unión con el no-ser. Pero no puedo:
quiero sufrir mi ego, aunque es un mierda
egoísta insufrible. Y ya, no quedo,
ese querer se sufre, aunque me pierda,                                                
y esa ansiedad es angustioso un miedo
que me manda a la mierda: nada lerda.             
                                                                                                 
            El Terror del Sin Mí despierta lumbres
oscuras por su sueño de morriña,
e induce ensueños, ilusión -si endiña
la conciencia de nada ser- de azumbres
de ego inebriantes -y a las muchedumbres
les den con el levante de la piña
            en alza siempre por el gran Soberbio
ignorante que manda, o el mandado,
que se agarra, inconsciente de su hado,
al iluso vivir, como un adverbio
sin Verbo o atributo, y mucho nervio
por pánico a caerse del estrado.
 
            “No me importa sufrir eternamente”,
dijo a su Dios el ego de Unamuno
-con tal de que no mucho, y que lo cuente,
añado yo, será. Ya que es cabruno
el monte, cuesta arriba, y aun corriente
en contra -porque no es fuenteovejuno.
            Y lo dudo: parece una espantada
del gran filósofo y poeta, ufano
y obseso con su eterno Yo que nada
en su angustia sin fondo, vano, en vano,
para pedir a un Dios, dudoso, sano
quedar ante el ataque de la nada.
 
            Eternos fuimos, cuando al Todo junto
estuvimos, sin tiempo y sin espacio,
en la Inconsciencia del remoto punto
del Origen, y somos el pancracio
de la diversidad y lo reacio
al otro, por terror de ser difunto                                                        
            uno, indefenso ante el extraño ignoto,
xenofobia de Nos, el mayestático,
y de ese modo se descose el roto
con un sesgo de vano antisocrático
no quererse saber en el vïático
sendero agudo, por obtuso boto.
            Y Sócrates pregunta, y ve la muerte
empero, ajena al alma -en griego: psique,
aunque también es ánemos, qué fuerte
viento fantasma -el ánima-, que el dique
final supera, sin que nadie explique
de dónde viene, en qué sentido -o suerte
            en el azar evolutivo sólo-
corre, y adónde llega, y dónde para
o hace posada, o dónde está su polo
atractivo magnético -y de cara
nos pone con el fin, y con el para
qué del vïaje a dónde, o cuál el rol o
            papel es -que se juega tras la escena,
si nada es la tramoya: la Energía
no se destruye, y nos in-forma y llena,
y nos hace, mas es mala tutía
con cada cual, y en marcha va a la buena
de Dios, a ser, como un cadáver, fría.
 
            Aumenta su entropía, cuando agota
el Inmóvil Motor su combustible,
que se pierde difuso en humo a ignota
-ya sin música- parte, dando un drible
a la fuerza, y le funde su fusible,
y a oscuras vamos sin saber ni jota.
 
            Tal Máquina Aristóteles sitúa,
para explicar cómo un Ingenio Inmoble
puede mover el mundo, como grúa
quieta, en el fin futuro: la más noble
Belleza que, atractiva, al Todo actúa
o activa, si Pasiva. Y ya no hay proble,
            ea. Y ¿está? Porque, según parece,
la Expansión se acelera: Significa
que el Universo, cuanto más se acrece
el espacio sidéreo, más ubica
la muerte en todas partes, y se cuece
más en su hielo, si no más se aplica
            fuego, tirando al Polo, al Artilugio
Natural. Que se enfría -se expansiona-,
y no encontramos ya ningún refugio
donde salvar el ego y la persona,
y  nuestra vil soberbia se destrona:
somos nada, y no vale el subterfugio
            habitual. ¿O será el de Movimiento,
Perpetuo, que recapta su energía
gastada -su entropía en, siempre, aumento?
¿Hay remedio a la Máxima Entropía,
Muerte Fría de Todo: Todavía
hay sitio a la esperanza? Qué tormento
            no saber nada. Sólo sé que nada
sé, si no pienso, y sigo. Si se piensa
si se sigue aguzando la mirada
-mientras no esté vacía la despensa-,
cantar su negro humor es recompensa
-sólo sé que no hay nada- de esta arcada,
            esta náusea que funda el ser, emesis
-o, vulgo, pota- del no-ser, vacío
cuántico, falso (en hipo, que Indra -estesis-
a aquel Vritra Embuchado, que echa el Río
al Mar -antítesis-, da risa: “Frío
su vientre con mi Rayo” -catacresis
            de un chiste metafísico-, y se abre
y desembucha el agua por la tripa
en espasmo, y se acaba, y vuelve el labre,
la sequía -qué hipérbatos-, la pipa
abierta por la gracia que lo flipa,
y hay cosecha -y el mito me apalabre
            pacífico): Total, se desahoga,
(con el de zorra laude, vomitiva,
al cuervo de la fábula que droga
con cebo de celada purgativa):
Un mareo de vértigo desfoga
su vórtice indigesto, que te aviva
            con el cauterio suave de su llama
de Amor. Quién fuera un místico, aun ficticia
siendo su fe de gota en mar, que inflama
los límites y funde y la avaricia
de su ego, el fantasma; cuánta albricia
y hosanna y aleluya -en vez de fama
            banal, porque te entiende todo quisque
que siente igual que tú, y se encuentra idéntico,
como ambos labios, si se pimpla un whisky,
y se pone contento por auténtico
como un pueril orate, si esperpéntico
en su conciencia corva, dado al trisque
            rapaz, de síndico del crimen-: cuánta
euforia de sentir lo que se fuga
de la cerril normalidad, qué santa
manera de ser Uno, y no la nuga,
ni siquiera catulia, en la carpanta
saciada de apariencias, que sub-yuga.
 
            Y para qué tanto vivir, eterno,
si ni el Cosmos lo es, el que se crea
a sí mismo y nos crea, con su Cuerno
de la Copia gratuita. Pero idea
el Seso siempre algo, y el infierno
ardiente del origen aún menea,
            como guïón del filme, el gran Cotarro
de energía, materia, vida, mente,
y hemos salido ya una vez del barro,
y es cíclico, se rueda, y es frecuente
la regeneración, y aquella Fuente
quién sabe si perdiera un día el tarro
            sin fondo en sí, verténdolo, y acuoso
inunda los canales y acueductos
y acequias a los surcos del poroso
campo físico, cuyos usufructos
nos alimentan cuando los productos
-poiémata- se siegan, y en reposo.
 
            Sigan, pues, muchos puntos suspensivos
seguidores del Punto, al que ahora siga
el párrafo siguiente: los archivos
creo, que siguen llenos, con intriga
por el final del Cuento. Mientras vivos
sigamos, piénsese que Todo liga.
 
            Con cada nada todo liga, o ego,
y con egos se liga -y enamora
aün-: lo canta el bardo, tras el riego
de su jardín, que crece y se aminora
a manera homeostática, si adora
lo suficiente (a sí -llena el talego).
            La profesión lo exige: a ex profesa:
si no hay amor, se inventa, y se lo traga
el fingidor, como se traga tiesa
la bolsa, que protege, con su saga
o cuento antiguo, tradición; y apaga
y vámonos, que es santa la teresa,
            y pierdes la sesera, y se termina,
y no se entiende cómo pudo uno
amar a un bicho, que ahora te incrimina
de discriminación, por odio, tuno
truco, por macho, que invirtió su mina
y se quedó sin ella, que la muno
            y la armo, gorda, contra mí, que gana
bastante más que yo, con mi negocio
quebrado, no el boyante suyo, y mana
de mí, y me busco donde no hay, beocio
de vacuo cráneo, y soy, en sacerdocio
de una nada que crea, en la mañana
            del mundo, iluso, su contrario, Fonte
que no puede existir, de la que fluye
el Universo, tras del horizonte,
adonde no se alcanza, y te destruye,
y abajo vas, rodando por el monte
como ríos al mar, y sustituye
            por, mejor, otro. Siempre yo a mí mismo
me he recreado, muchas veces, y hago
lo mismo de continuo: me descrismo
esforzando la crisma, y en mal trago
soy más experto, si mi fondo drago
pescándome al Dragón, por exorcismo.
 
            Y lo veo, y es dios que se idolatra,
honda raíz del ego: es el deseo
de Poder, sobre el otro, y el psiquiatra
me ayuda, y veo que es un bicho feo,
(comecoco) sensóvoro del atra-
bilis salido vil, civil, ateo,
            guardia, de Él, Superyó -y sus arquetipos
y norma obligatoria, de que salgo.
Y salido de madre y los equipos
de la liga, me escapo como un galgo
tras de la liebre última e, hidalgo,
algo nos pare, a todo, de los cipos
            más allá, a que se vuelve y ¿nunca luego
se sale más? Sí sé cómo es la terca
voluntad de llegar a ser del fuego,
o la energía, heraclitano, y cerca,
dentro, íntimo arde, y hace al ego,
un fantasma en la máquina, que puerca
            mancha llama el cristiano, como al mundo,
la carne y el demonio, un ángel siendo
que son, y suena a dios, de ese fecundo
y fértil rito de crear, que entiendo
con venia de Morfeo, inverecundo
nudo de sueño de morriña, arriendo
            del Impostor, que no lo doma, fuerte,
pero vapor, espíritu, se escapa,
y su papa, tijera en mano, a muerte
lo condena y, si puede, me lo capa,
por robarle la papa, si lo atrapa,
y echada -jacta est alea-, está la suerte.
 
            Corrupta, la república, no marcha:
lo pocho pudre, y no hay manzana sana,
y aparece el Imperio, y con su escarcha
nos congela, y nos tienta su manzana,
y ya no hay gente sana, y en mi jarcha
estrellada lo exulto, sobrehumana,
            nunca sobre Natura. Y su Bandera
quiere meternos en vereda impura
forzándonos a unirnos de manera
impropia, obligatoria, y en cintura
su puñal terrorista me asegura
ser, y el tonto por necio, lo asevera
            y, ganapán, apoya a quien le quita
el pan común, y no comulga sino
con la impostura del archimandrita
del mandria, con su fe en el desatino,
y en flor su fe en su pita la marchita,
y el gusano nos cría de pepino.
 
            La unión hace la fuerza, mas la fuerza
no hace la unión: la fuerza y la vïola.
Y el juez parcial que la impostura ejerza
toma partido por el mal, que asola
a la gran mayoría, que en el Hola
dulce al Poder se guía, la mastuerza.
 
            Y todo explota y quiebra y muere, y nace
la larva universal, y se organiza
en su pluralidad, que se deshace
en un mar de ondulante, escurridiza
angula que es su ola, y se desliza
en programa un conjunto, del desguace
            salido y, espontáneo, en un sistema
dinámico un patrón conforma, y uno
lo convierte en estrofa y en poema,
y resulta que sale un unamuno
que quiere ser fantasma -y es su tema-
del mecano que monta el grupo ayuno
            de energía, que busca, y que desgasta
su homeostasis, gastándose en la brega.
(Ha nacido otro cosmos de la casta
muerte del otro). Cuando al punto omega
lleguemos todos, todo, tras la Siega,
luego, molidos, hechos de otra pasta,
            volveremos a ser, el qué lo ignoro
y poco me consuela. Me consuelo
con esa pasta nunca como un oro,
que no quebranta fuero, ni es del suelo
ni el cielo, tan cristiano como moro
o judío, sin celos, y con celo
            permanente pagano por el Eros,
dios del Origen, órfico, que el tracio
cantaba y que nos hace caballeros
de a pie, quizá por un ciberespacio,
neuronas superadas, pero enteros:
Con ese mundo extraño me congracio.
 
            Crisóstomo lo dijo, Pico de Oro:
Vanitates sunt omnia. Y es que un flatus
vocis de verbo -fïat- creó al Coro
de Ángeles que cantan el estatus
de Dios, y al Cosmos, que los nosferatus
próceres sangran sin ningún decoro,
            fundados en mentira: por el pico
muere la bestia vanidosa, el loro
rüidoso de blufes, que critico
por ser lo que no es. Si me enamoro
creo un bello fantasma, a quien adoro
y, pues, se alza, que su bote achico,
            y después lo desamo: me defrauda
sin culpa: he sido yo quien se figura
e imagina su gloria, que recauda
en su provecho, y luego a la basura
me desecha; no sirvo ya: a la cauda
a esperar turno, y otra fermosura
            que me vuelva a fingir, que si no finjo
una ficción de fábula, no hay nada,
porque todo es ficción: no me restrinjo
a un sórdido realismo de mesnada,
que me es nada, del orden: y lo infrinjo:
es norma cotidiana que degrada.
 
            Todo estuvo ligado, y se desliga,
y hay que unirse a la liga, o no hay futuro,
en solidaridad, no con intriga:
con entrega, egoísta, por más duro
ganar, o cuarto, a Salto del gran muro
final, que Dios nos dé, y que nos bendiga
            Pedro, la Piedra, que no pica piedra,
el cimiento de Iglesias, Asambleas,
que es su sentido en griego, nunca yedra
trepadora, venada, sin ideas,
con obsesión de robo, de quien medra
por parte, y parte, a víctimas teseas
            que ya no pagarán por Él. Ay, cuándo.
¿Alguna vez? ¿Ya muertos? ¿Cómo especie?
¿Tanshumanos, simbióticos, amando
al otro yo, si yo otro ya? Qué especie
de cuento para niños, que desprecie
el sentir del experto, bajo mando
            Paterno. Madre mía, aquí me quedo
a la espera. De qué. Ya no confío
en ningún semejante. Mi quevedo
ya no me sirve para ver el brío
de la creación continua. Y tengo frío.
Pero sé que se puede. O que yo puedo.
 
            Y, aunque valiente, tengo mucho miedo.
Y, aunque cobarde, al todo desafío.
Y responde la nada, como un pedo
de Dios: No se es. Valiente desvarío
del cobarde no-ser, falso, vacío,
el ser que nos remata. Mas no cedo:
            Cuando no esté, seré. Si la Memoria
me recuerda quién fui, será curioso
mi Nous, la Madre de las Musas, gloria
bendita, de Anaxágoras, del poso
de la nada que, siendo, quita el soso
deseo de Poder del Yo, en su noria,
            si no, narcisa, vicio que circula,
como la vieja mula machadiana
en torno a un pozo, seco, pobre mula
domada, sin manada, que no mana
de la Manida, aunque es de noche, ufana
virtüal: una nada que se anula.
 
            Y, si no, nuevamente a ver qué ocurre,
y, si no veo, a descansar. No es poco.
Soñar tal vez un sueño de algún loco.
O esperar el comienzo de otro curre
de tejedor del hilo, que provoco:
lo bordo. Lo demás, más bien me aburre.
 
            Y estoy cansado. Y harto del Jumento
Universal, pollinos en su masa
domada que, creyéndose el gran Cuento,
se niegan a bordar la vana gasa
que somos, condenados al memento.
Y es que no hay nada -como estar en casa.