I. De
inocente pequé por apolítico:
pasé de antifranquista a indiferente.
−Como ya hay democracia, que la gente
-pensé- vote a su gusto. Ganó el Mítico
Transicional, y acabó mal. Los propios
lo traicionaron. No sabía entonces
que eran todos franquistas, con sus gonces
chirriantes al cambio, con acopios
de herrumbres del pretérito. Y ahora,
tras neoliberalismos del Felipe
y otras traiciones, es normal que flipe
de sorpresa a deshora, cuando llora
la perdida indolencia su creencia
en el seso del pueblo -todo medio
comprado por los capos-, y este tedio
por desesperación. La indiferencia
los favorece: un día, funcionario,
roban mi sueldo que me gano a pulso,
y caigo, y veo que indolente insulso
víctima ingenua soy del bi-corsario.
Rabio y grito, y el tonto del poeta
me llama enloquecido por obseso
con la política. Ya no intereso:
no soy sentimental nuevo, ni esteta
puro, ni vanguardista, ni el realismo
me llama la atención: Sólo me ignora,
como él ignora lo real, y adora
su autoengaño, y nos da más de lo mismo.
Descrédito político es política,
pero inconsciente: Elije a quien nos roba
medio país, y barre con su escoba
su Bruja lo pagado, parasítica,
para adentro, que es público, y pretende
que se pague de nuevo, si se enferma.
No parará hasta que la tierra yerma
acabe hasta con ella, que nos vende.
II. Avergüénzate:
has sido un inocente
por ignorante: tanta biblioteca
-a gusto- de qué sirve, si está hueca
tu conciencia del mundo y el presente.
Avergüénzate, y paga tu delito
de compinche inconsciente del Chanchullo
y la Maquinación, pune tu orgullo
de Satanás y siéntete contrito
y arrepentido de tu error: No fuiste
lo bastante rebelde: te amoldaste
a una falsa ilusión, sin el contraste
crítico suficiente, por despiste:
No sabías que el homo es por natura,
si no un matón, un sinvergüenza astuto,
que, si puede, se mete tu tributo
en su bolsillo, que la dictadura
le tienta más que toda democracia,
y barre para adentro por el gaje
de su oficio oficioso de pillaje,
y le da igual el otro, si se sacia
con lo ajeno, y jamás por satisfecho
se da, por más que afane y se rellene:
No tiene fondo. (Ningún fondo tiene).
Y no entiende qué es eso del derecho,
porque está del revés, y al tal endiña,
si le dejan, si no, otra argucia trama,
para logar, no gloria, sino fama,
y así echarse a dormir -pero se jiña
ante el más poderoso (y le da coba,
porque tal para cual, pero más fuerte)-
y va trepando a ver si tiene suerte
-y pilla galardón, aunque no trova-,
por regla general, si se exceptúa
lo excepcional. Por lo demás, es vulgo
cuyo gusto es vulgar. Jamás comulgo
con la rapaz ni con la cacatúa.
La Historia así se escribe. Se progresa
pero seguimos brutos sin más talla
que la tecnología, y la canalla
es siempre la que medra y toma presa
mejor cuanto más débil: Te has opuesto
a su enemigo, y en tu espalda luce
su puñal, y te achaca, acá en el cruce
de argumentos, su crimen, y qué presto,
sin argumento, bien que te lo endilga
-si no, con el insulto se conforma.
Que lo normal él sigue de la Norma.
Y tú, no. Pues que goce en su pocilga.
Que yo la sufriré, que sus derechos
son los míos también, y él los conculca.
Pero de nada sirve la trifulca
con quien no sabe ver los crudos hechos.
III. Y, dicho esto, se acabó: me rindo.
Yo no soy quien más pierde -ni más gana.
In medio… Y a gozar con la tirana.
Y aquí, a sufrir con su lobezno lindo.
pasé de antifranquista a indiferente.
−Como ya hay democracia, que la gente
-pensé- vote a su gusto. Ganó el Mítico
Transicional, y acabó mal. Los propios
lo traicionaron. No sabía entonces
que eran todos franquistas, con sus gonces
chirriantes al cambio, con acopios
de herrumbres del pretérito. Y ahora,
tras neoliberalismos del Felipe
y otras traiciones, es normal que flipe
de sorpresa a deshora, cuando llora
la perdida indolencia su creencia
en el seso del pueblo -todo medio
comprado por los capos-, y este tedio
por desesperación. La indiferencia
los favorece: un día, funcionario,
roban mi sueldo que me gano a pulso,
y caigo, y veo que indolente insulso
víctima ingenua soy del bi-corsario.
Rabio y grito, y el tonto del poeta
me llama enloquecido por obseso
con la política. Ya no intereso:
no soy sentimental nuevo, ni esteta
puro, ni vanguardista, ni el realismo
me llama la atención: Sólo me ignora,
como él ignora lo real, y adora
su autoengaño, y nos da más de lo mismo.
Descrédito político es política,
pero inconsciente: Elije a quien nos roba
medio país, y barre con su escoba
su Bruja lo pagado, parasítica,
para adentro, que es público, y pretende
que se pague de nuevo, si se enferma.
No parará hasta que la tierra yerma
acabe hasta con ella, que nos vende.
por ignorante: tanta biblioteca
-a gusto- de qué sirve, si está hueca
tu conciencia del mundo y el presente.
Avergüénzate, y paga tu delito
de compinche inconsciente del Chanchullo
y la Maquinación, pune tu orgullo
de Satanás y siéntete contrito
y arrepentido de tu error: No fuiste
lo bastante rebelde: te amoldaste
a una falsa ilusión, sin el contraste
crítico suficiente, por despiste:
No sabías que el homo es por natura,
si no un matón, un sinvergüenza astuto,
que, si puede, se mete tu tributo
en su bolsillo, que la dictadura
le tienta más que toda democracia,
y barre para adentro por el gaje
de su oficio oficioso de pillaje,
y le da igual el otro, si se sacia
con lo ajeno, y jamás por satisfecho
se da, por más que afane y se rellene:
No tiene fondo. (Ningún fondo tiene).
Y no entiende qué es eso del derecho,
porque está del revés, y al tal endiña,
si le dejan, si no, otra argucia trama,
para logar, no gloria, sino fama,
y así echarse a dormir -pero se jiña
ante el más poderoso (y le da coba,
porque tal para cual, pero más fuerte)-
y va trepando a ver si tiene suerte
-y pilla galardón, aunque no trova-,
por regla general, si se exceptúa
lo excepcional. Por lo demás, es vulgo
cuyo gusto es vulgar. Jamás comulgo
con la rapaz ni con la cacatúa.
La Historia así se escribe. Se progresa
pero seguimos brutos sin más talla
que la tecnología, y la canalla
es siempre la que medra y toma presa
mejor cuanto más débil: Te has opuesto
a su enemigo, y en tu espalda luce
su puñal, y te achaca, acá en el cruce
de argumentos, su crimen, y qué presto,
sin argumento, bien que te lo endilga
-si no, con el insulto se conforma.
Que lo normal él sigue de la Norma.
Y tú, no. Pues que goce en su pocilga.
Que yo la sufriré, que sus derechos
son los míos también, y él los conculca.
Pero de nada sirve la trifulca
con quien no sabe ver los crudos hechos.
In medio… Y a gozar con la tirana.