jueves, 4 de noviembre de 2021

Desdoblament /Desdoblamiento, poemario de Miquel de Palol, editado por Bartleby Eiciones, 2021; traducción de Isabel Pérez Montalbán y Francisco Fortuny. La presentación en el Centro Cultural Blanquerna, Madrid, 21/X/2021, fue a  a cargo del autor; los traductores Isabel Pérez Montalbán y Francisco Fortuny; el editor Manuel Rico Rego y el poeta  Valentí Gómez-Oliver.

 

 

               Tras los pasos de un gran autor

 

de Valentí Gómez-Oliver

 

Es un gran placer estar aquí con todos Uds. para presentar el último poemario, Desdoblament/Desdoblamineto, del escritor catalán Miquel de Palol. Se trata  de una edición bilingüe con una traducción de consistente dificultad, resuelta de manera muy brillante por los traductores. En la presentación que ha efectuado el director de Bartleby, el escritor Manuel Rico Rego ya ha situado la figura del  autor no solo en su contexto en Cataluña sino en general en España. Se trata de un autor con obras en su momento de gran difusión (por ejemplo, con “El jardí dels set crepuscles” (1989), en versión castellana “El jardín de los siete crepúsculos”) que sigue elaborando, a lo largo de numerosos años, una obra original y compleja.

Tras mi breve intervención hablarán los traductores: que ya he  comentado que la traducción está muy bien resuelta (teniendo en cuenta las numerosas dificultades técnicas) y finalizará el acto el autor. Me toca ahora a mí y he pensado hacerlo hablando sobre un autor al que considero una “autor extraordinario” (“fuera del orden o regla natural o común”). He dividido mis palabras en dos momentos. Uno, auspiciado por el hemisferio izquierdo: una reflexión crítica; y otro, por el hemisferio derecho: un acróstico “paloliano”, de Palol.

 

 

I.                  apuntes críticos

Conozco bien, en general, la dificultad de la traducción; en concreto, personalmente he traducido del italiano El Libro de los Muertos de los Antiguos Egipcios (el papiro de Turín); la Vida de Benvenuto Cellini; obras del erudito Elémire Zolla; obras de P.P. Pasolini; de G.Carofiglio; del poeta Lucio Mariani; de la  hispanista Rosa Rossi y es por ello que empiezo mi recorrido apelando a uno de los excelentes traductores de este poemario, el poeta Francisco Fortuny quien escribe en un epílogo del libro  (aparte de dedicarle una “epístola conceptista a Miquel”) una breve y concisa reflexión sobre el poemario. Lo titula “Sobre el ser de nuestra nada” (pág. 197-200). Nos dice (pág.199): “Es evidente que este monumental poemario de Miquel de Palol alcanza, desde la angustia serena de su planteamiento identitario, por su novedosa profundidad, la dimensión de lo Trascendental”.

Una palabra clave en toda su obra: “trascendencia”. También lo ha apuntado el director, Manuel Rico, cuando en la contraportada nos describe el libro como “una meditación sobre las huella del tiempo, sobre los límites entre el ser y la nada”. Precisamente hay un poema que trata explícitamente de esto  “Diàleg entre el no-res i el jo” (pág.24-26); “Diálogo entra la nada y el yo” (pág. 25-27).

A lo largo de toda su obra se va descubriendo que para el autor “el pensamiento es el lenguaje”. Casi se podría afirmar que “la mente es lenguaje”. Por lo que resulta fundamental  para él la correlación entre “mente y palabra”, de manera que se podría afirmar que Palol, intelectual que cultiva casi todos los géneros literarios, gran estudioso de la música, del arte y la ciencia en general, bien podría ser definido como un “creador (escritor/poeta) que está fascinado por el lenguaje”. Es, por ello, un lector omnívoro. Me acuerdo de la gran escritora catalana Mercè Rodoreda, que leía con pasión páginas del diccionario de Joan Coromines como si se tratara de una novela!!! Y también de las genialidades de Ramón María del Valle-Inclán con su invención de neologismos.

He definido a Palol como ejemplo de intelectual. Justifica dicha afirmación el conocimiento que posee (es arquitecto de formación) sobre el mundo clásico, no sólo el greco-latino, sino que mira de reojo al mundo sumerio, egipcio, persa, el de los Vedas, el humanismo (entusiasta de Marsilio Ficino) el Renacimiento (devoto de Luca Pacioli y su “divina proporción”), el mundo del Barroco, el Simbolismo, las Vanguardias, la historia y evolución de la Ciencia, y un largo etcétera. También su papel como colaborador de prensa, comprometido con sus ideas. Su obra, vale la pena mencionarlo, ha sido publicada en castellano, en alemán, en italiano, en francés (está super bien considerado en el país de Montesquieu) y dentro de muy poco en inglés (USA). Todo este bagaje y tipo de conocimiento cultural, tan profundo y exhaustivo – que no se trata de erudición- le acarrea a menudo y últimamente con cierta frecuencia, una especie de “falta de aprecio” o “infravaloración” de su obra.

Todo el mundo recuerda el año 1968 como “el del mayo francés”. Pocas personas recuerdan que 100 años antes (con más precisión 99 años), en 1869 Nietzsche está preparando El nacimiento de la tragedia; Verlaine está con Les Fêtes galantes, Flaubert escribe L’éducation sentimentale, Rimbaud con sus primeros versos. Hay un joven de 23 años que publica en París, pagándoselo de su bolsillo, Les Chants de Maldoror, pero si bien el libro es editado no es distribuido. Ello se debe al hecho de que el editor considera que el autor, que no es otro que el conde de Lautréamont (su nombre verdadero es Isidore Ducasse) “se ríe de todo, lo cuestiona todo, utiliza el sarcasmo, la ironía, la burla, la duda sistemática”, lo cual, piensa él, podría molestar al lector biempensante. No sé si le parecerá correcto al autor que haya pensado en Lautréamont al comprobar cómo se están poniendo las cosas hoy en día para los `partidarios de lo que podríamos denominar “literatura absoluta”, de la que Palol creo sea un ferviente devoto. Nos habla, en profundidad sobre este argumento el escritor y editor Roberto Calasso en su ensayo La letteratura e gli dèi, Adelphi Edizioni, 2001.

Literatura, tout court, la creación literaria, ποίησις (poíēsis), es para el autor una situación creativa particular, en la cual la “mitología” y la “poesía” son una sola cosa, en la que como afirmaba Mallarmé “la forma denominada verso es por ella misma la literatura”. Sin desdeñar, por supuesto “el impulso poético de la prosa”. Podríamos decirlo de otra manera: cuando se produce una cierta vibración o un resplandor que nos deslumbra, en una frase o tal vez en algunos términos ( pienso en el sintagma verbal: “desjoar-se” //desyoizarse), o en párrafos, o en páginas, o en capítulos, o en el libro entero. Deviene,  pues, fundamental en esta concepción de la literatura absoluta: “la forma”

Me he referido antes a la mitología- apartado fundamental para el autor. Los dioses se manifiestan principalmente como acontecimientos mentales, lo cual es muy importante para el obrador del artista a la hora de confeccionar sus artefactos creativos. Afirmaba Jung, en un momento de gran contundencia psíquica, que los dioses se han convertido para nosotros en enfermedades: algunas son patológicas, en el caso de la “escritura patológica”: escribir por escribir, hablar por hablar, desentonar por desentonar. ¡No es nuestro caso!

No sólo Palol  confecciona su escritura  interactuando con los dioses, sino que el propio y personal mundo en el que coloca a sus personajes y en el que van a participar sus criaturas, puede ser considerado como un “mito”. Mito que en su caso se convierte, en numerosas ocasiones, en un rito o ritual de esotéricos y herméticos ecos. Ritos en los que florecen las fobias y las filias del autor, enmarcadas dentro del enigma profundo, o tal vez mejor dentro del “misterio evidente” del que hablaba Goethe, que encierra cualquier tipo de forma creativa.

Antes he hablado del “escritor/poeta que se encuentra fascinado por el lenguaje”. Me atrevería a decir, asumiendo la enorme posibilidad de equivocarme, que Palol, al igual que los grandes autores, es un excelente creador porque “ha sido entusiasmado por la lengua, el lenguaje”, el hilo sutil y a veces inaudible que hermana el Cielo con la Tierra. Para terminar este primer hemisferio diré que me parece que, Palol, en su obra artística tiene asumida muy claramente la diferencia que hay entre los tres personajes que suben al escenario de la creación literaria. En primer lugar la mano del escritor, en segundo lugar la voz (o voces) narrante que le habla al lector (también al escritor) y, finalmente, la divinidad que nos tutela, nos vigila y de alguna manera nos inspira. Sería interesante cerciorarnos en su caso de cuál ha sido la divinidad que lo ha inspirado y lo inspira: el “demonio dionisíaco” de Zaratustra; el inefable “duende” de García Lorca; tal vez una de las nueve Musas de Heródoto (¿Calíope, Erato?) o más sencillamente, ¡alguno de sus múltiples yo-es!

 

 

 

 

 

                      II      acróstico “paloliano”

       Palol, apellido de resonancias y evocaciones medievales:

 

P

 ersonalidad                pensamiento, pensador, profundidad

 

 

A

utenticidad               arte,artista //artesano, artesanía,

                                  atrevimiento, arrojo

L

 

 ucidez                         elección de argumentos, confección

                                      de temas

 

O

  riginalidad                 a veces hermético, osado, en la

                                     obscuridad se ve la luz

 

L

 ibertad                        libre pensador

 

 

 

      una personalidad auténtica lúcida original y libre