Nos, el Desengaño, etc. Por cuanto
habemos sabido que la mayor parte del mundo, olvidada de nuestras verdades, ha
dado en seguir la falsa secta de los poetas chirles y hebenes, por último y eficaz
remedio de nuestros reinos nos plugo ordenar y ordenamos estas premáticas y las
mandamos guardar de todos so las nuestras iras y penalidad de nuestra
desgracia.
Quevedo
I. Una caballería de asnas rucias,
una legión diabólica de hebenes
zánganos rëalistas comejenes,
un cuerpo de almas sucias.
Una compañería de compinches,
una armada de pares en el Arca,
un partido de izquierdas supercarca,
una escuadra de chinches.
Una flota de especies sin especias,
un regimiento de rejones, una
absoluta realeza de fortuna,
un mundo de almas necias,
gente de fe, creída de sus egos
en iglesia de ateos militantes,
tósigo chirle en barras de elefantes
de mucha trompa, ciegos
robadores del Euro, tijeretas
de ajenas bolsas, unos canta-auroras
del bisutero ocaso a todas horas.
Un coto de poetas.
II. Un atajo de jueces sin jüicio
que prevarican porque son parciales
de su partido en pro de criminales,
en propio beneficio:
una anormalidad que dicta normas
a tu mente común, mediante lenguas
embusteras que engordan si te amenguas
o mientras te conformas:
una fuga cobarde hacia adelante
-y es que ceder es condenarse al trullo-
en defensa del Mal, con el capullo
cerrado de su guante
cubriendo blanco garras de rapiña,
sobre una democracia a la que matan
y luego su cadáver desbaratan
los buitres y, por niña
inocente, embaucada, con el iris
cegado, se equivoca de adversarios
si en esos jueces o en sus comisarios
ve corruptos a Osiris
en el Final Jüicio; una Balanza
que se ajusta a horizontes si se libra
de su pútrida carga, y se equilibra:
la última esperanza
de que haya al fin justicia y no esas tretas
en pro del bi-partido casi único,
servidor del Moloch -de Ginsberg- púnico.
Un coto de poetas.
III. Una gris marabunta de fulanos
que solos son minucias en sí mismos,
una conspiración de mecanismos
de mínimos enanos
que sin maquinaciones son robots
sin ánima ni espíritu y, si andan,
es por pura atracción de lo que apandan
por medios de complots.
Un tribunal de tribu sin tribunos,
un jurado en conjura con perjurio,
sin palabra veraz, sólo el murmurio
de una banda de tunos
que nunca fueron estudiantes, pese
a sus infames títulos de nobles,
unos fondos segundos y otros dobles
de lo que nunca vese
si no lo miras, y que nunca vase
si no lo echas, vulgo, una gentuza
que medra construyendo su chapuza,
mientras dejas que pase;
un incierto concierto de chicharras
que se ríen de ti y de toda obrera.
Un próximo verano -es primavera.
Una crema de guarras
que ve su San Martín, y se acongoja
y desespera, y teme -y dice ¡fuego!-
que le llegue la hora del talego
-si viene el alba roja-,
y que se quema, cuando no lo apagas,
como siempre, en cleptófilo suicidio,
una casta de carne de presidio,
al que no va, si tragas,
una mafia de egoicos proxenetas,
explotadores tuyos, si no luchas,
afanadora de tus pobres huchas.
Un coto de poetas.
IV. Políticos que mandan a la poli
a dar de palos a la plebe honesta
si ejerce su derecho a la protesta,
pero nunca a esa E. Coli
del tracto intestinal -que da colitis-
del Estado, y es franca minoría,
y que se carga toda poesía,
y se cisca en Bilitis
por inmoral, mas no en la pedofilia
de la iglesia, que es casta, tal mikado
que se ha creído dueña del Estado,
por de buena Familia:
los que nos hacen mal a los comunes,
los que ordenan porrazos dar al pobre,
pero no a los que roben, al que cobre,
si a la ley son impunes,
merced a una cloaca putrefacta
de judiciales que nombró el fïambre
zombi del Carca, atado en su raigambre
fragante -y aun se jacta-:
uno por ciento de la humana especie
o menos, que avasalla al resto, probo
obrero hambriento, víctima del robo,
manso por más que arrecie
ese granizo de diarrea vampira
que hincha sus nimbos a tu cara costa
y te reprime haciendo más angosta
la vía; la mentira
institüida en textos anti-Goethe,
la vergüenza olvidada del aristo
peor, que es el plutócrata, Mefisto
victorioso; el retrete
sin cisterna del cargo en compraventa
entre opulentos próceres, y el voto
de obediencia de un público devoto
que -él sí- paga la renta,
y que confunde a Dios con el Dïablo
y se postra a los pies del que lo engaña
por creyente insensato en la patraña
de un mostrenco retablo,
y desoye a los críticos profetas;
un escenario de farsantes magos
que, aun queriendo dar golpe, son más vagos
que un coto de poetas.
V. Un montaje falsario, un espejismo
que finge agua si la sed aprieta,
una trampa al incauto que a poeta
aspira, un estrabismo
que mira a la derecha, aunque aparente
lo contrario, y rechaza a la Justicia,
y juzga sin derecho, la avaricia
del logrero pudiente
de glorias y fortunas que harto roba
los hallazgos ajenos, un granuja
instituido modelo, y una bruja
subida en una escoba
de barrer para adentro, bajo alfombra
ocultando la escoria de su trampa
en la que caen carnes, que se zampa,
de cañón, a su sombra,
que la sede papal usurpa, artera
sin bellas artes, un traidor campante
cual Cid en Saraqusta, militante
contra la clase obrera,
un sectario del rico y de la empresa
que venda más, capitalista nato,
que os da ratero por poesía gato,
dejándonosla tiesa,
y que mata al mendigo, que perturba,
para que no haya pobres, el paisaje,
mísero Stalin dado al bandidaje
con su nocturna turba,
una murga de máscaras en jetas,
trasparentes, que ostentan sus plumeros,
una banda de güeros majaderos.
Un coto de poetas.
VI. Final Juicio en que se prevarica
con la Finalidad de la Injusticia,
y Satán el Fiscal mal enjüicia,
abriendo toda plica,
y clava a Job puñales en la espalda
sólo por ser varón noble y perfecto,
puesto a prueba por gusto de un infecto
capricho que lo salda
y lo deja en pelota, que no medra
por no dar coba al Dios de la Desdicha
del Honesto que nunca se encapricha
con su poder de piedra,
que es facha sólo y su fachada oculta
casi un vacío, el de la vana gloria
del popular poeta de memoria
difunta e insepulta,
más viva que el ingenio dado a timos,
que se arrimó a la cátedra del anti-
franquismo por alzarse a Pancha Shanti
enchufando a sus primos
en complot con sus séquitos prosísticos
a los que premia injusto en mutuo apoyo,
para salir del escorial arroyo,
traicionando a los místicos
y gnósticos que ven al Dios auténtico
marginado en el fondo paradójico,
al que se llega por el anagógico
sentido de lo idéntico
a su contrario en harmonía; un fraude
que hace trampa al adverso, para solo,
sin rivales, quedar, y da vitriolo
al que nunca lo aplaude;
jueces que sólo miran por sus metas,
fiscales que conspiran contra ajenos
a sus partes, y acusan a los buenos.
Un mundo de poetas.
VII. Una cloaca que desagua en charca
estancada, que cría sabandijas,
escondrijos miméticos, cobijas
de camuflaje de arcas
repletas, ocultadas en edenes
fiscales, y fiscales que del fisco
dan a los fondos su real mordisco
para bien de los nenes
mimados por la Ultranza del Ultraje
al pueblo que los nutre, sin dar palo
al agua galeota, con regalo
y goces, y sin gaje
de oficio alguno, o de trampero acaso
cazafortunas con traidora estafa
que a nuestra pobre democracia chafa,
un vientre grueso y graso
inflado por influencia en los poderes
públicos sobornados con cohecho,
un Estado precario sin Derecho,
con tirria a las mujeres
y toda baja raza -las ajenas-,
el camino del éxito, la cara
vuelta al lujo, en el ajo, que no para
y me da rabia y pena,
unas conciencias con muy pocas pesquis
para ver el dolor de los comunes
timados por el Empe y sus shogunes,
infernales chubesquis
para el trabajador en el verano
y en el invierno estepas frigoríficas,
una gloria del glorias beatíficas
para el clan del tirano,
un atajo de ajados escopetas
nazionales en pos de fugaz liebre
estrella, para engorde del pesebre.
Un coto de poetas.
VIII. Un coro angélico que canta nada,
excepto el propio y anodino ombligo,
un amigo traidor, y un mal amigo
que hambriento en la estacada
te deja post traición, o da de lado,
con su canto capcioso o con su shuto,
un golpe helado, un estacazo bruto,
en contra del Estado
de Derecho que endiña la derecha
a su pueblo, una banda connivente
con los poderes fácticos, un frente
que me ignora esta endecha,
un ninguneo contra el peligroso
que canta fuera del normal circuito,
denunciando a los burgos del delito,
un yahvé, dios celoso
y exclusivista, porque a Adonis teme,
un maese coral de plúmbeos grillos
que caerán sobre sí con sus membrillos
carentes de episteme
y dudosa tecné, si no se usa
por incapacidad o por vagancia,
un cardo borriquero sin frangancia
ni música ni musa,
un círculo cerrado de saetas
de francotirador, que centrifuga.
Y un solitario que jamás se arruga.
Un coto de poetas.
IX. Un marginado con el cuello lleno
de un grito sideral desde la entraña
herida por el rayo de la saña
restrera del ameno
escribidor de semi-prosa bruta,
que ha reunido un entorno de prosélitos
sin espíritu ni hálito, y anhélitos,
que por menor recluta,
para alzarse al poder, a ver si explota,
depauperando, al pobre, que margina
porque cierta le tiene al limpio inquina
-no le hace la pelota,
y él le hace la petaca-, un pobre diablo
que ángel fue rico y, frente al torpe orgullo
del Monodiós, soberbio, del chanchullo
fue expulsado, al establo
de Belén, como chivo, que propicia
a Moloch, el Yahvé de los fenicios
que ha vendido la mar de sacrificios
de Aztecas sin justicia,
un sacerdocio policial católico
ateo que verdad no ve ni busca
-una mancha en sus ojos que le ofusca,
y no se ve diabólico
porque su oficio es santo-, y un hereje
que no me callo una, y al silencio
condena, porque no lo reverencio,
ni a nadie que me veje,
una apaño de omegas y de zetas
que se ha creído alfas, porque un premio
y otro ganan trucados, que da el gremio.
Un coto de poetas.
X. Una insensata democracia falsa
-que Aristóteles dijo demagogia-,
en donde el franco duce de una logia,
aun muerto, a un pueblo embalsa
y embalsama con presas -y sin Dike-,
que se empapan de sangre del periodo
zombi, en mastaba, como arriano godo
trinitario cacique:
único un bi-partido tri-fachoso
cuadrado por poetillas en falange
bajo media lunática o alfanje
al ataque en acoso
de capitán temido por la vara
o la bifaz segur o la batuta
que dirige la orquesta por la ruta
de la rutina ignara
de toda novedad que esté a la altura
de los tiempos que vuelan y corrientes
y condena al silencio a disidentes
con descaro y censura,
un coro de editores que altas voces
dan a quien dice nada, y que no canta,
mientras canta el contable que hoy espanta
de la Mafia a las hoces
y martillos políticos, si romas
aquellas, estos blandos, para choque
insuficiente para tanto bloque
-lo dejas o lo tomas-,
un rebaño conforme con el lobo,
porque quien calla otorga y, cuando habla
es contra el espantado de la diabla
fingida musa, ex ovo
güero de un cosmos irreal, ajeno
a toda realidad que no responda
a solo el interés, fuera de onda
veraz, mamón del seno
público, y despistado, una manada
de que no mana sino fruslería
alienada a propósito, en sangría
insana, mascarada
de personillas chirles, que jejenes
de la conciencia matan con aplauso
contra esta irritación que yo les causo,
malas uvas hebenes
colaboracionistas por catetas,
a más venida por venales medios,
para ser soberanos de estos predios.
Un coto de poetas.
XI. Un país de corruptos que a podrido
hiede, desde los altos tribunales
a los cerebros de mosquito anales
que juzgan sin sentido
común. Un cementerio de materias
grises en blanco de invisible trama
oscura, clara a voces, que hacen cama,
bullendo de bacterias
nocivas y de virus, como vivas,
pero usurpadas por la muerte; justos
condenados por serlo y dar disgustos
al poder; primitivas
almas silvestres, sin cultivo, estultas
y zafias, desalmadas por insidia
y egoísmo feroz y de perfidias
astutas, por incultas,
y fantasmas y espíritus sofísticos,
que son los que han logrado caras medras,
que les pagamos a la fuerza, hiedras
o trepas periodísticos:
una confábula realista, falta
de fantasía lúcida, alta mira
sólo por la ganancia y la mentira
que a los demás nos falta,
un país de espïadas estafetas
y timos estatuidos por la urnas
de pucheros calladas, taciturnas,
un país de poetas,
un país de poetas en catastros
y nóminas y censos, negociantes
de inclusión exclusiva de otros cantes.
Un país de poetastros.