jueves, 25 de febrero de 2021

PREMÁTICA DEL DESENGAÑO de los poetas güeros… (11 variaciones)

Nos, el Desengaño, etc. Por cuanto habemos sabido que la mayor parte del mundo, olvidada de nuestras verdades, ha dado en seguir la falsa secta de los poetas chirles y hebenes, por último y eficaz remedio de nuestros reinos nos plugo ordenar y ordenamos estas premáticas y las mandamos guardar de todos so las nuestras iras y penalidad de nuestra desgracia.

Quevedo

I. Una caballería de asnas rucias,

una legión diabólica de hebenes

zánganos rëalistas comejenes,

un cuerpo de almas sucias.

            Una compañería de compinches,

una armada de pares en el Arca,

un partido de izquierdas supercarca,

una escuadra de chinches.

            Una flota de especies sin especias,

un regimiento de rejones, una

absoluta realeza de fortuna,

un mundo de almas necias,

            gente de fe, creída de sus egos

en iglesia de ateos militantes,

tósigo chirle en barras de elefantes

de mucha trompa, ciegos

            robadores del Euro, tijeretas

de ajenas bolsas, unos canta-auroras

del bisutero ocaso a todas horas.

Un coto de poetas.

 

II. Un atajo de jueces sin jüicio

que prevarican porque son parciales

de su partido en pro de criminales,

en propio beneficio:

            una anormalidad que dicta normas

a tu mente común, mediante lenguas

embusteras que engordan si te amenguas

o mientras te conformas:

            una fuga cobarde hacia adelante

-y es que ceder es condenarse al trullo-

en defensa del Mal, con el capullo

cerrado de su guante

            cubriendo blanco garras de rapiña,

sobre una democracia a la que matan

y luego su cadáver desbaratan

los buitres y, por niña

            inocente, embaucada, con el iris

cegado, se equivoca de adversarios

si en esos jueces o en sus comisarios

ve corruptos a Osiris

            en el Final Jüicio; una Balanza

que se ajusta a horizontes si se libra

de su pútrida carga, y se equilibra:

la última esperanza

            de que haya al fin justicia y no esas tretas

en pro del bi-partido casi único,

servidor del Moloch -de Ginsberg- púnico.

Un coto de poetas.

 

III. Una gris marabunta de fulanos

que solos son minucias en sí mismos,

una conspiración de mecanismos

de mínimos enanos

            que sin maquinaciones son robots

sin ánima ni espíritu y, si andan,

es por pura atracción de lo que apandan

por medios de complots.

            Un tribunal de tribu sin tribunos,

un jurado en conjura con perjurio,

sin palabra veraz, sólo el murmurio

de una banda de tunos

            que nunca fueron estudiantes, pese

a sus infames títulos de nobles,

unos fondos segundos y otros dobles

de lo que nunca vese

            si no lo miras, y que nunca vase

si no lo echas, vulgo, una gentuza

que medra construyendo su chapuza,

mientras dejas que pase;

            un incierto concierto de chicharras

que se ríen de ti y de toda obrera.

Un próximo verano -es primavera.

Una crema de guarras

            que ve su San Martín, y se acongoja

y desespera, y teme -y dice ¡fuego!-

que le llegue la hora del talego

-si viene el alba roja-,

            y que se quema, cuando no lo apagas,

como siempre, en cleptófilo suicidio,

una casta de carne de presidio,

al que no va, si tragas,

            una mafia de egoicos proxenetas,

explotadores tuyos, si no luchas,

afanadora de tus pobres huchas.

Un coto de poetas.

 

IV. Políticos que mandan a la poli

a dar de palos a la plebe honesta

si ejerce su derecho a la protesta,

pero nunca a esa E. Coli

            del tracto intestinal -que da colitis-

del Estado, y es franca minoría,

y que se carga toda poesía,

y se cisca en Bilitis

            por inmoral, mas no en la pedofilia

de la iglesia, que es casta, tal mikado

que se ha creído dueña del Estado,

por de buena Familia:

            los que nos hacen mal a los comunes,

los que ordenan porrazos dar al pobre,

pero no a los que roben, al que cobre,

si a la ley son impunes,

            merced a una cloaca putrefacta

de judiciales que nombró el fïambre

zombi del Carca, atado en su raigambre

fragante -y aun se jacta-:

            uno por ciento de la humana especie

o menos, que avasalla al resto, probo

obrero hambriento, víctima del robo,

manso por más que arrecie

            ese granizo de diarrea vampira

que hincha sus nimbos a tu cara costa

y te reprime haciendo más angosta

la vía; la mentira

            institüida en textos anti-Goethe,

la vergüenza olvidada del aristo

peor, que es el plutócrata, Mefisto

victorioso; el retrete

            sin cisterna del cargo en compraventa

entre opulentos próceres, y el voto

de obediencia de un público devoto

que -él sí- paga la renta,

            y que confunde a Dios con el Dïablo

y se postra a los pies del que lo engaña

por creyente insensato en la patraña

de un mostrenco retablo,

            y desoye a los críticos profetas;

un escenario de farsantes magos

que, aun queriendo dar golpe, son más vagos

que un coto de poetas.

 

V. Un montaje falsario, un espejismo

que finge agua si la sed aprieta,

una trampa al incauto que a poeta

aspira, un estrabismo

            que mira a la derecha, aunque aparente

lo contrario, y rechaza a la Justicia,

y juzga sin derecho, la avaricia

del logrero pudiente

            de glorias y fortunas que harto roba

los hallazgos ajenos, un granuja

instituido modelo, y una bruja

subida en una escoba

            de barrer para adentro, bajo alfombra

ocultando la escoria de su trampa

en la que caen carnes, que se zampa,

de cañón, a su sombra,

            que la sede papal usurpa, artera

sin bellas artes, un traidor campante

cual Cid en Saraqusta, militante

contra la clase obrera,

            un sectario del rico y de la empresa

que venda más, capitalista nato,

que os da ratero por poesía gato,

dejándonosla tiesa,

            y que mata al mendigo, que perturba,

para que no haya pobres, el paisaje,

mísero Stalin dado al bandidaje

con su nocturna turba,

            una murga de máscaras en jetas,

trasparentes, que ostentan sus plumeros,

una banda de güeros majaderos.

Un coto de poetas.

 

VI. Final Juicio en que se prevarica

con la Finalidad de la Injusticia,

y Satán el Fiscal mal enjüicia,

abriendo toda plica,

            y clava a Job puñales en la espalda

sólo por ser varón noble y perfecto,

puesto a prueba por gusto de un infecto

capricho que lo salda

            y lo deja en pelota, que no medra

por no dar coba al Dios de la Desdicha

del Honesto que nunca se encapricha

con su poder de piedra,

            que es facha sólo y su fachada oculta

casi un vacío, el de la vana gloria

del popular poeta de memoria

difunta e insepulta,

            más viva que el ingenio dado a timos,

que se arrimó a la cátedra del anti-

franquismo por alzarse a Pancha Shanti

enchufando a sus primos

            en complot con sus séquitos prosísticos

a los que premia injusto en mutuo apoyo,

para salir del escorial arroyo,

traicionando a los místicos

            y gnósticos que ven al Dios auténtico

marginado en el fondo paradójico,

al que se llega por el anagógico

sentido de lo idéntico

            a su contrario en harmonía; un fraude

que hace trampa al adverso, para solo,

sin rivales, quedar, y da vitriolo

al que nunca lo aplaude;

            jueces que sólo miran por sus metas,

fiscales que conspiran contra ajenos

a sus partes, y acusan a los buenos.

Un mundo de poetas.

 

VII. Una cloaca que desagua en charca

estancada, que cría sabandijas,

escondrijos miméticos, cobijas

de camuflaje de arcas

            repletas, ocultadas en edenes

fiscales, y fiscales que del fisco

dan a los fondos su real mordisco

para bien de los nenes

            mimados por la Ultranza del Ultraje

al pueblo que los nutre, sin dar palo

al agua galeota, con regalo

y goces, y sin gaje

            de oficio alguno, o de trampero acaso

cazafortunas con traidora estafa

que a nuestra pobre democracia chafa,

un vientre grueso y graso

            inflado por influencia en los poderes

públicos sobornados con cohecho,

un Estado precario sin Derecho,

con tirria a las mujeres

            y toda baja raza -las ajenas-,

el camino del éxito, la cara

vuelta al lujo, en el ajo, que no para

y me da rabia y pena,

            unas conciencias con muy pocas pesquis

para ver el dolor de los comunes

timados por el Empe y sus shogunes,

infernales chubesquis

            para el trabajador en el verano

y en el invierno estepas frigoríficas,

una gloria del glorias beatíficas

para el clan del tirano,

            un atajo de ajados escopetas

nazionales en pos de fugaz liebre

estrella, para engorde del pesebre.

Un coto de poetas.

 

VIII. Un coro angélico que canta nada,

excepto el propio y anodino ombligo,

un amigo traidor, y un mal amigo

que hambriento en la estacada

            te deja post traición, o da de lado,

con su canto capcioso o con  su shuto,

un golpe helado, un estacazo bruto,

en contra del Estado

            de Derecho que endiña la derecha

a su pueblo, una banda connivente

con los poderes fácticos, un frente

que me ignora esta endecha,

            un ninguneo contra el peligroso

que canta fuera del normal circuito,

denunciando a los burgos del delito,

un yahvé, dios celoso

            y exclusivista, porque a Adonis teme,

un maese coral de plúmbeos grillos

que caerán sobre sí con sus membrillos

carentes de episteme

            y dudosa tecné, si no se usa

por incapacidad o por vagancia,

un cardo borriquero sin frangancia

ni música ni musa,

            un círculo cerrado de saetas

de francotirador, que centrifuga.

Y un solitario que jamás se arruga.

Un coto de poetas.

 

IX. Un marginado con el cuello lleno

de un grito sideral desde la entraña

herida por el rayo de la saña

restrera del ameno

            escribidor de semi-prosa bruta,

que ha reunido un entorno de prosélitos

sin espíritu ni hálito, y anhélitos,

que por menor recluta,

            para alzarse al poder, a ver si explota,

depauperando, al pobre, que margina

porque cierta le tiene al limpio inquina

-no le hace la pelota,

            y él le hace la petaca-, un pobre diablo

que ángel fue rico y, frente al torpe orgullo

del Monodiós, soberbio, del chanchullo

fue expulsado, al establo

            de Belén, como chivo, que propicia

a Moloch, el Yahvé de los fenicios

que ha vendido la mar de sacrificios

de Aztecas sin justicia,

            un sacerdocio policial católico

ateo que verdad no ve ni busca

-una mancha en sus ojos que le ofusca,

y no se ve diabólico

            porque su oficio es santo-, y un hereje

que no me callo una, y al silencio

condena, porque no lo reverencio,

ni a nadie que me veje,

            una apaño de omegas y de zetas

que se ha creído alfas, porque un premio

y otro ganan trucados, que da el gremio.

Un coto de poetas.

 

X. Una insensata democracia falsa

-que Aristóteles dijo demagogia-,

en donde el franco duce de una logia,

aun muerto, a un pueblo embalsa

            y embalsama con presas -y sin Dike-,

que se empapan de sangre del periodo

zombi, en mastaba, como arriano godo

trinitario cacique:

            único un bi-partido tri-fachoso

cuadrado por poetillas en falange

bajo media lunática o alfanje

al ataque en acoso

            de capitán temido por la vara

o la bifaz segur o la batuta

que dirige la orquesta por la ruta

de la rutina ignara

            de toda novedad que esté a la altura

de los tiempos que vuelan y corrientes

y condena al silencio a disidentes

con descaro y censura,

            un coro de editores que altas voces

dan a quien dice nada, y que no canta,

mientras canta el contable que hoy espanta

de la Mafia a las hoces

            y martillos políticos, si romas

aquellas, estos blandos, para choque

insuficiente para tanto bloque

-lo dejas o lo tomas-,

            un rebaño conforme con el lobo,

porque quien calla otorga y, cuando habla

es contra el espantado de la diabla

fingida musa, ex ovo

            güero de un cosmos irreal, ajeno

a toda realidad que no responda

a solo el interés, fuera de onda

veraz, mamón del seno

            público, y despistado, una manada

de que no mana sino fruslería

alienada a propósito, en sangría

insana, mascarada

            de personillas chirles, que jejenes

de la conciencia matan con aplauso

contra esta irritación que yo les causo,

malas uvas hebenes

            colaboracionistas por catetas,

a más venida por venales medios,

para ser soberanos de estos predios.

Un coto de poetas.

           

XI. Un país de corruptos que a podrido

hiede, desde los altos tribunales

a los cerebros de mosquito anales

que juzgan sin sentido

            común. Un cementerio de materias

grises en blanco de invisible trama

oscura, clara a voces, que hacen cama,

bullendo de bacterias

            nocivas y de virus, como vivas,

pero usurpadas por la muerte; justos

condenados por serlo y dar disgustos

al poder; primitivas

            almas silvestres, sin cultivo, estultas

y zafias, desalmadas por insidia

y egoísmo feroz y de perfidias

astutas, por incultas,

            y fantasmas y espíritus sofísticos,

que son los que han logrado caras medras,

que les pagamos a la fuerza, hiedras

o trepas periodísticos:

            una confábula realista, falta

de fantasía lúcida, alta mira

sólo por la ganancia y la mentira

que a los demás nos falta,

            un país de espïadas estafetas

y timos estatuidos por la urnas

de pucheros calladas, taciturnas,

un país de poetas,

            un país de poetas en catastros

y nóminas y censos, negociantes

de inclusión exclusiva de otros cantes.

Un país de poetastros.